"TODOS TENEMOS UN GRIAL... Y YO HE ENCONTRADO EL MIO".

jueves, 22 de octubre de 2009

A la Maestra con cariño.

Aqui un humilde Tributo a la Amada Maestra, Alostrael, Leah Hirsig. Video editado por mi, con el Tema homonimo del grupo The Ophelias del álbum de 1989 The Big O.





Letra traducida.

El muro tiene rostros, no sólo oídos.
Y nada, nada es lo mismo como aparenta.
Ahora, los ríos corren, donde el silencio solía estar,
y el trueno retumba, y eso es un címbalo con C mayúscula.

Noche tras noche, dulce madre de la luz viviente,vengo cuando llamas,
y valoramos su nombre.
Y cuando tú caminas el cable, tú reclamas el fuego y culpas al loco,
cuando el honor y el amor son los mismos.

Nunca conocí tu secreto corazón. Un mundo oculto tan lejos.
Y mirando y con una mano, y todo caliente para la cosecha de los salarios del pecado.

Noche tras noche, dulce madre de la luz viviente,vengo cuando llamas,
y valoramos su nombre.Y cuando tú caminas el cable,
tú reclamas el fuego y culpas al loco,
cuando el honor y la puta son los mismos.

Noche tras noche, dulce madre de la luz viviente,vengo cuando llamas,
y valoramos su nombre.Y cuando tú caminas el cable, tú reclamas el fuego y culpas al loco, cuando el honor y la puta son los mismos.

Yo envuelvo la noche alrededor mío como una túnica de terciopelo,
y acecho las fieras etapas como un pícaro estornino.
Y el hoy se ha convertido en mañana.
Toda la amabilidad dejada para prestar.

Noche tras noche, dulce madre de la luz viviente,vengo cuando llamas,
y valoramos su nombre.Y cuando tú caminas el cable, tú reclamas el fuego y
culpas al loco, cuando el honor y el amor son los mismos.

Muy Bien!


Lyric

The wall have faces, not just ears.
And nothin´, no nothin´is the same as it appears.
Now rivers run where silence used to be,and thunder crash,
and that´s a cymbal with a capital C.

Night after night, sweet mother of the living light,
I come when you call, and cherish your name.
And when you walk the wire, you claim the fire and blame the fool,
when honor and love are the same.

I never knowed your secret heart.
A hidden world so far apart.
And lookin´on with a heavy hand, and all hot to harvest the wages of sin.

Night after night, sweet mother of the living light,
I come when you call, and cherish your name.
And when you walk the wire, you claim the fire and blame the foolwhen
honor and slut are the same.
Night after night, sweet mother of the living light,
I come when you call, and cherish your name.
And when you walk the wire you claim the fire and
blame the fool,when honor and slut are the same.
I wrap the night around me like a velvet robe,
and I stalk the raging stages like a starling rogue.
And here today is gone tomorrow.
All the kindness left to borrow.

Night after night, sweet mother of the living light,
I come when you call, and cherish your name.
And when you walk the wire, you claim the fire and blame the fool,
when honor and love are the same.

Alright!











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Anno IVxvii Sol 29° Libra, Luna 27° Sagittarius Dies Jovis
jueves, 22 de octubre de 2009 e.v. 20:39:16

sábado, 19 de septiembre de 2009

XVI.- EL FIN.

Leah en casa. Acuarela con laca sobre papel hilado 21 X 26,5 CM. abril 2006.Dibujo publicado en la pagina británica Lashtal.com The Aleister Crowley society, 15 diciembre 2006.

La historia de Leah Hirsig en Thelema toca a su fin. A partir de entonces no sigue con su diario mágico, y Crowley tampoco la menciona en el suyo. Tenía treinta y cinco años cuando conoció a la Bestia. Lo que en una ocasión le dijo Crowley puede darnos una idea acerca del estado en que se encontraba por aquel entonces: «Das siempre la impresión de que te vas a echar a llorar». El comentario de Leah fue el siguiente: «Siempre me he sentido así durante... toda mi vida».

Una carta de Mudd, desde Weida, fechada el 3 de noviembre de 1925, y enviada a Martha Küntzel, que sigue en Leipzig, nos da algunos detalles sobre la difícil situación en la que se encontraban, por aquel tiempo, los dos discípulos más devotos de Crowley:

“Que yo pueda ir o no a Leipzig -incluso en una visita de corta duración, lo que me gustaría sobremanera- es algo totalmente incierto. Depende de lo que 666 quiera que haga respecto a determinados asuntos. Pero Saturnus (Germer) podrá acercarse hasta Leipzig antes del 16 de noviembre, aunque sólo sea para ver que Leah se encuentra bien. Creo que debería recordar que está fuera de toda discusión que ella permanezca aquí durante la venta de la casa. De hecho, se encuentra ahora muy empobrecida, sin poder trabajar y, además, está un poco preocupada porque piensa que nos distrae de nuestras ocupaciones. Su alejamiento del mundo deberá continuar hasta finales de noviembre, y debemos hacer todo lo posible para aseguramos de que las cosas están en su sitio, y de que todo se desarrollará con normalidad. Saturnus y yo pensamos (y yo creo que ella también está de acuerdo) que, en cuanto le sea posible, debe abandonar Weida y dirigirse a Leipzig para preparar el viaje, que no es un asunto nada fácil. Ya te avisaremos. Una vez que esté en Leipzig, si no te importa, queremos que te ocupes de ella en general, aconsejándole, por ejemplo, un buen lugar donde quedarse hasta que dé a luz. Creo que eso hará que te sientas feliz. Leah, como sin duda habrás adivinado, es uno de los más importantes engranajes 'de la Gran Obra. Su salud siempre ha sido delicada y aunque se encuentre en buena forma, nunca deja de ser nerviosa. Cualquier percance se convierte para ella en una terrible contrariedad. Puedo decirte, con toda franqueza, que la salud de Leah es lo único de la presente situación que, por mucho que lo intente, no deja de preocuparme”.

El niño nació, por fin, y supuso para Leah algo de alegría; le llamó Al, la palabra clave del Liber Legis, que es uno de los nombres hebreos de Dios, y por ello, muy apropiada para un niño. Pero aquella historia no tuvo un final feliz. William George Barron, el padre de la criatura, no sólo no se casó, sino que desapareció, yéndose al Oriente, ante la indiferencia de Leah, a quien él no parece haberle gustado nunca demasiado.

Ella seguía contando, no obstante, con el fidelísimo Norman Mudd, en cuyo diario se recoge que Leah había roto el corazón de su madre.

Los dos vivieron juntos, algún tiempo, con los miembros de la rama alemana de la O.T.O.

Durante los dos años que siguieron, Leah encontró la ocasión de escribir a Crowley algunas cartas, escasas y áridas, sobre cuestiones referentes al Liber Legis y al destino de la humanidad; pero finalmente, Crowley, que desconfiaba de sus intenciones, promulgó desde su hotel de París una encíclica que la condenaba como fuente de pestilencia, instando a todos los miembros de la Orden a destruir, sin haberlas leído, todas las comunicaciones que hubiesen sido escritas por ella.

¿Qué había hecho esta vez? En el Comentario al Liber Legis se dice: que «está prohibido el estudio de este libro ... los que discutan su contenido deberán ser rehuidos por todos ... ».

Así pues, ésta era la acusación oficial: Leah Hirsig, antigua Mujer Escarlata de la Bestia 666, había discutido y estudiado el Liber Legis. La denuncia era incontrovertible: ambos lo habían discutido y estudiado durante años. Sin embargo, la Bestia le ofreció un medio de expiación: debía procurarle «las pruebas pertinentes para acusar a Norman Mudd de felonía». Según Crowley, O.P.V. le había robado algunos libros. (¿Acaso había alguien a quien no llamase ladrón?)

Mudd, que se moría de hambre, odiado y despreciado por Crowley por motivos que escapan a la razón, había vendido algunos ejemplares de The Scented Garden of Abdullah the Satirist of Shiraz y algunas colecciones de The Equinox para procurar fondos a su Maestro, y había cogido para sí parte de lo obtenido, con intención de proseguir la Gran Obra.

Pero Leah no quiso dejar a su único compañero y amigo a merced de la Bestia. Así pues, envió a Crowley una circular impresa y firmada en la que renunciaba a su papel de Mujer Escarlata.

La fe de Mudd sufrió una transformación inesperada. La llegada del Nuevo Eón seguía siendo algo cierto, pero no se trataba del Eón del Hijo Coronado y Conquistador, es decir Horus, puesto que Crowley era un Falso Profeta. El se había confundido al adorar a la Bestia, ya que debía haberse adorado a sí mismo. Y comenzó a proclamar que él, nadie lo diría, Omnia Pro Veritate, era el Maestro del Mundo al que la humanidad esperaba. Pero sólo consiguió irritar en tal grado a su anfitriona, Martha Küntzel, que ésta, después de llamarle saboteador, le echó a la calle.

Martín Booth añade que “Crowley le dio una oportunidad de reconciliación. Pensaba que Mudd había robado alguno de sus libros para venderlos. Si Leah confirmaba sus acusaciones, Crowley le perdonaría sus transgresiones contra él. Pero por entonces la visión que Leah tenía de Crowley había cambiado mucho y se negó a calumniar a quien alguna vez fue su esposo mágico. Crowley se enfureció tanto que envió una circular por la que la repudiaba oficialmente” (pag 544-545).

Hay un último documento, el más extraño de los escritos thelémitas, la última palabra de Leah Hirsig a Aleister Crowley, que fue enviado desde España, con fecha de 6 de septiembre de 1930 (según mArtin Booth ese documento fue redactado en Suiza en diciembre de 1929 Su satánica majestad pg 544), y que está escrito con la pulcra caligrafía de Norman Mudd. Está dirigido a «E.A. Crowley Esq.», y comienza con el tratamiento de «Estimado Sr.», acabando con un «Suya afectísima» firmado por «Leah Hirsig». No aparece en él el saludo thelémico de «Haz lo que Quieras será toda la Ley», ni el corolario de «Amor es la Ley, amor bajo el dominio de la voluntad»; pues en esta carta no hay ley, ni mucho menos amor: es el acto final en el que se despoja de Crowley y de su credo; pero no resulta convincente: todavía sigue poseída por «el demonio crowleyano», pues su sombra corre en pos de ella, y también en pos de Mudd:

“En varios momentos de mis anteriores relaciones con usted, y actuando en parte bajo su inspiración, contraje diversos juramentos u obligaciones similares.

Le comunico que todas las promesas que antaño le hiciera personalmente a Vd. -sean llamadas o descritas como juramentos, votos, obligaciones, empeños, o de cualquier otra forma- ya sean garantizadas por mi firma, mi palabra hablada o por otro medio; todos los pactos, estatutos e instrumentos del tipo que sean, que puedan dar a entender que usted posee algún derecho formal sobre mí, han prescrito desde este momento, y en lo que a mi concierne.

Defino el símbolo X para indicar una determinada ceremonia, con la que deberá darme a entender, en una forma que yo aprobaré, que ya no me liga a Vd. ninguna obligación de tipo personal.

Defino el símbolo X para indicar el período de tiempo que comienza hoy mismo --6 de septiembre de 1930-- y que se prolongará hasta que, pero no después que, Vd. me envíe un certificado oficial declarando que la ceremonia X ha sido realizada debidamente.

Durante todo el tiempo de X, ignoraré, para mi deleite, 1) cualquier insinuación de que cualquier comunicación de Vd. es confidencial o restringida del modo que sea, y 2) cualquier mensaje escrito de su parte que no vaya firmado con su apellido -Crowley- ni escrito con una caligrafía que yo pueda reconocer como suya.

Defino el símbolo X para indicar el momento del mediodía (según el meridiano de Greenwich) del 6 de octubre de 1930.

Defino el término Lyg como un nombre común que significa una proposición que yo ofrezco al conocimiento de otros -alguna supuesta inteligencia distinta de la mía- como si yo creyese en la proposición, mientras que en realidad no creo en ella.

Las palabras del género Lyg no necesitan ser formuladas como palabras.

Puedo producir y transmitir Lyg por cualquier medio de comunicación: generalmente, mediante gestos y representaciones, dibujos, olores, vestidos, música -signos positivos, como cosas visibles y aparentes, señales e indicios de innumerables tipos -y también, negativos, mediante silencios significativos y otros mecanismos de inhibición, etc".

El único comentario de Crowley a este documento, la magia de Leah contra su magi(k)a, está escrito a lápiz sobre su encabezamiento: «Redactado por Norman Mudd ... lunático y ladrón».

De esta manera, Leah Hirsig, la Mujer Escarlata, renunció a Aleister Crowley, la Bestia 666, y salió de su vida. De todas las mujeres que Crowley amó, pretendió amar, o pensó que había amado, fue la que más cerca estuvo de su corazón y la que más derecho tenía a exigir su fidelidad pero, a pesar de eso, la echó a un lado y siguió glorificando a los dioses inmortales. Y ni él ni ninguno de sus seguidores thelemitas supo de ella. De aquí en adelante su historia se nos hace nebulosa y complejamente, sencilla. Algo se rumoreó acerca de que se había convertido al catolicismo y de que en el seno de su Iglesia, según Symmonds, encontró finalmente, la paz.
Algún tiempo después, en la década de los treinta, regresó a los Estados Unidos y durante 1949, cuando John Symonds estaba escribiendo su biografía sobre la Bestia, le escribió una de sus hermanas, rogándole que no mencionase el apellido de Leah ya que había regresado a su antigua vocación de maestra. Por esta razón, en la primera edición de La Gran Bestia, la llamó Leah Faesi.

Como podemos observar en las ediciones de The King of The Shadows Realm y The Great Beast, según John Symmonds murió en 1951, lo que es erróneo. Incluso se siguen reeditanto estos textos como la versión española de Javier Martín Lalanda sin hacer crítica a ese error. Incluso el mismo Martin Booth que se supone había avanzado también en la investigación en torno a Crowley da por hecho aquella fecha de muerte (Su satánica majestad, A Magick Life, pag 545)

Leah según mis últimas investigaciones y los invalorables aportes de Jorge Maxit (familiar directo de ella), hoy sé que falleció el 22 de febrero de 1975 en Suiza a la edad de 92 años. Hay una fotografía en posesión de Jorge Maxit que he visto, tomada en Berna en 1953 en un estudio que creo hay otras copias. Jorge me cuenta que tiene una dedicatoria en el dorso a su abuelo escrita en alemán. Aparece citándolo “vestida con un abrigo algo tosco, grueso y una camisa con un lazo de varias vueltas a la manera de corbata. Leah tiene el pelo recogido, algo blanco pero no totalemtne. Usa anteojos de plástico. Su piel muestra arrugas, pero ellas son finas. La foto fue tomada el 8 de abril de 1953 y enviada a Juan Hirsig el 30 de junio del mismo año a Rosario, Argentina. Esta es la prueba que desmiente la fecha de John Symmonds absolutamente diera sobre su muerte". Por respeto a la familia y por desición de Jorge no la publico aqui.

Es una imagen maravillosa. Es la época en la que se encontraba completamente desvinculada de las actividades que la hicieran famosa y se dedicaba a enseñar, aparece de 69 años y se ve muy bien, radiante, hermosa a pesar de todo lo que vivió y sus años de rigor. Sus ojos son cristalinos y expresivos detrás de esas gafas gruesas, mirando fijamente al espectador. Debajo de la línea que separa su nariz, hay un leve atisbo de sonrisa en la comisura de sus labios, lo cual habla que en ese aspecto Symmonds no se equivocó ebocando sus últimos años, pues deja ver su paz.

En las múltiples conversaciones con Jorge, han aparecido los momentos en mi mente, en los cuales me imagino depositando una flor en alguna sepultura del cementerio de Meringen que está al este de Interlaken, sobre la ladera norte de la montaña que delimita el valle donde se encuentran los dos lagos. Ahí actualmente viven algunos Hirsig, que poseen un hotel, y de seguro, tienen noticias del lugar donde descansa finalmente la Amada Maestra Leah Hirsig, Alostrael. Estos serán los pasos de ahora en adelante en torno al homenaje que le brindo a esta mujer notable, llena de pasión y vida, por lo que este blog, aun no está finalizado.

En las próximas publicaciones intentaré esgrimir lo que ocurre con Leah después de 1929, cuáles fueron los pasos que siguió, cuales son las opiniones de otros autores sobre ella y una traducción de sus diarios magickos al idioma castellano. Es de esperar, seguir disfrutando de su compañía en esta vida y en el astral.
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Sol 27° Virgo, Luna 14° Libra Dies Saturnii
sábado, 19 de septiembre de 2009 e.v. 20:42:27

Vista panorámica de Meiringen, Suiza.
Fotografía de las calles de Meiringen hoy.





Este video muestra la entrada a la recién inaugurada Alpbachschlucht en Meiringen, con vistas panorámicas al pueblo. Así por tanto debe ser el paraje que rodea el cementerio donde está enterrado nuestra amada Leah. Video del 2008.





Visión desde el tren de las casas de tipicas de Meringen, quien graba menciona que van a Interlaken. . Video reciente del 13 de septiembre del presente.

Sitio web oficial de Meiringen http://www.meiringen.ch/

sábado, 12 de septiembre de 2009

XV.- ¡Babalón se ha puesto de pie!


Mientras tanto, Leah, cuya gran fe en thelema era incomparablemente mayor que la de Dorothy, se veía obligada a venderse en las calles de París para sobrevivir. Y al mismo tiempo, invocaba a Ra-Hoor- Khuit, pues para ella, incluso en su nuevo papel de prostituta, el sexo debía combinarse siempre con la magi(k)a. Al igual que Mudd, ya no sabía quién era, y comenzó un nuevo diario con el título de «¿Diario de ... ? conocida en la Tierra como Leah Hirsig». Pero en un momento de esperanza y rebelión, escribió en una postal esta sentencia del Liber Legis: «Ya esta mujer llamada la Mujer Escarlata, ha sido dado todo el poder», y después se la envió a la Bestia. Sí, se le había entregado todo el poder, y a quien es Todopoderoso nada puede serle arrebatado: todavía cabalgaba a la Bestia. jBabalón se había puesto en pie!

Pero cuando se le pasó aquel momento de exaltación, comprendió que debía romper totalmente con Crowley y seguir su propia vida. Pero no podía hacer todo eso de golpe, pues estaba demasiado identificada con el espíritu demoníaco de la Bestia. Debía ir intentándolo poco a poco y así, penosamente, ir deshabituándose de él. Comenzó por informar a Crowley de que como mejor podría ayudarle, sería ahorrándole la molestia de tener que preocuparse materialmente por ella. Con ello sólo transfería a Crowley sus propias ansiedades y su sentido de la decencia pues no hay nada que permita suponer que él se hubiera sentido preocupado, ni por un momento, ante el pensamiento de dejarla morir de hambre. Por primera vez en seis años separó las pertenencias que le eran propias de las suyas, y le escribió para preguntarle qué quería que hiciera con los libros y documentos que aún le quedaban.

A finales de 1924, Mudd regresó a Londres, y Leah comenzó a escribirle nuevamente. Sus canas revelan su estado de abandono y la amargura de su alma. Estas cartas son de una hermosura humanidad estremecedora:

14 de diciembre de 1924. Me estoy recobrando de una depresión que me ha hecho salir de casa precipitadamente, y volver peor de lo que estaba. La noche pasada me fui hasta el Dome, que estaba poblado por todo tipo de gentes respetables: los únicos que me interpelaron fueron los que estaban tan borrachos que no veían lo bonita que estaba con mi vestido negro y oro y mi capa teñida de negro para que hiciese juego. Regresé a casa totalmente disgustada y, además, con 20 francos menos, que no tuve más remedio que darle a un estúpido borracho, a quien se los debía desde hacía tres años, para que no fuera a ponerme un pleito. Espero que reviente con ellos, el muy cerdo. También di un beso a otros dos o tres, y muy apasionadamente, lo que disgustó bastante a mis amigos serios. ¿Puedo enterarme de lo que está ocurriendo en Londres?

16 de diciembre. Lo único que me molesta es no poder dedicarme a mis propios asuntos por estar siempre esperando que [la Bestia] me llame, para no tener que perder tiempo en dejar lo que había comenzado y estar lista. y así no puedo preocuparme por las cosas de cada día y el problema de tener que buscar dinero, u otros asuntos más serios, como conseguir un compañero de magia [sexual] pero tengo que decidirme en serio a hacer algo, dejar de decirme: «¿Para qué sirve hacer cualquier cosa? No me servirá para nada. Es evidente que soy incapaz de crear nada, sino el caos en mi interior. Me fui al Dome la noche pasada, y también el sábado pero no había nada interesante sino una buena reata de sinvergüenzas. Nina [Hamnett] me preguntó por ti. ¿Puedes entender que no haya visto ni un alma, excepto a Norman Hall (tres breves visitas), V.l. [Ida Crooke] y a ti, en los últimos' tres meses? Y he llegado a creer que soy incapaz de establecer ningún lazo con cualquier cosa que se parezca a un ser humano. Tal parece que sea el derrotero de mi vida. Pero ahora todo esto se me agudiza por la sencilla razón de que no dispongo de lo necesario para seguir al rebaño. Estoy más sola de lo que jamás haya estado mortal alguno. Y encima atada de pies y manos.

6 de enero de 1925. No he recibido una sola noticia tuya desde hace mucho tiempo. También yo he estado demasiado atareada para escribirte, y que soy la chica para "todo de un restaurante pequeño y sucio de Monttparnasse por 200 francos al mes y la comida. Mis manos están hinchadas e insensibles de fregar cazuelas y mesas de mármol, pero no he dejado escapar esta ocasión y tres días de preparación (el local todavía no estaba abierto) han bastado para acostumbrarme al agua sucia, que por sí sola bastaría para que dejara el empleo. No he supuesto, ni por un momento, que pueda durarme mucho, ya que la gente chismosa irá a contarle mi historia a la patrona. Con el último correo ha llegado una carta dé Astrid, en donde me dice que me enviará algún dinero para que pueda irme a Túnez en cuanto pueda conseguir algo; espero ver hoya Norman Hall, aunque creo que ha debido irse de París. No podía pagar los 284 francos del alquiler del apartamento, que vence el 15.

20 de enero. Me aconsejaste que conservara «ese empleo» hasta que estuviese segura de poder irme a Túnez. No creo que te imagines lo que es lavar platos, subir carbón y vino de la bodega, pelar patatas y servir diariamente a setenta personas, etc. (por lo general, 13 horas diarias de trabajo). He resistido en él dos semanas, lo que me ha permitido disponer de este apartamento otros tres meses, aunque haya tenido que estar en la cama dos días, a consecuencia del trabajo, así que no volveré. He recibido una carta disparatada de V.l., en la que me dice que se retracta de enviarme los 1.000 francos prometidos, y que, sin duda, seré debidamente socorrida por el «Jefe de los negocios». Y también que el 29 se va a Australia. jOialá que el barco se vaya a pique! Aunque, probablemente, ella enturbiaría las agallas durante los siglos venideros. Soy importunada por todo el mundo [del Café du Dóme], pero no me ocurrirá ninguna desgracia hasta que no le haya pagado al camarero los 15 francos que le adeudo.

Ida Crooke se introdujo en el círculo de los thelemitas, recibió un nombre mágico, cuyas iníciales eran V.l., y después se fue; esto explica la inquina que Leah demuestra hacia ella.

"Mejor sería pegarse un tiro que ir al Café du Dóme y acabar discutiendo con Leon Engers. Teed ha resultado ser un Domita de lo más regular. Le escribí una larga carta, después de que faltara a dos citas conmigo, ya que la segunda vez vi que pasaba de largo a mi derecha".

Leon Engers Kennedy pintó un retrato de Crowley, a escala tres cuartos, en actitud de estar meditando, con los ojos cerrados, que sería reproducido a todo color en el número de la revista The Equinox conocido como el Equinoccio Azul por su color. «El Maestro ha sido pintado durante su Santa meditación. Las llamas del Aura, que corresponden a aquel particular trance, fueron observadas por el artista, que posee el Don de la Visión Verdadera».

26 de enero. ¡Qué niño tan triste eres! No siendo su madre, no sé exactamente qué hacer con un niño así, excepto abrazarle lo más que pueda. Considérate abrazado y no estés tan triste -por lo menos, hasta la próxima vez-o Le dejé una nota a Kennedy, pero él nunca contesta. Tomaré por asalto su maldito hotel, hasta que se deje ver. He cogido un empleo de friegaplatos y libro a las 2:30 de la madrugada. Esto interrumpe la hora de cenar, ya que entonces tengo que trabajar, lo que resulta un fastidio, pues cuando llego hambrienta ya no queda nada en la casa...

... No me refiero a una paliza, con tal que no sea un verdadero sádico quien la propine. Odio a los sádicos ... son gente débil, como, por ejemplo, Bill Seabrook y Nina Hamnett, si te parece.
William Seabrook era bien conocido entre la bohemia de Montparrnasse por su costumbre de vapulear a las mujeres, aunque también tenía otros hábitos, ciertamente peculiares.


A comienzos de febrero de 1925, Alostrael compró un billete de tercera para Marsella y, enferma y cansada, se fue a Túnez. Había recibido el aviso esperado desde hacía tanto tiempo: la hermana Astrid estaba esperando un niño y Leah debía venir para echarle una mano.

Dorothy no se encontraba bien, ni de fuerzas ni de ánimo, por lo que la presencia de Leah sólo sirvió para trastornarla sólo las naturalezas más fuertes pueden resistir las tensiones de la magia. El viernes, 24 de abril, a las 11:11 p.m. un Mago bastante enfadado, que estaba acostado en la cama de la habitación de su hotel en Túnez, escribía lo siguiente en su diario mágico:

Un simple trago de ron (que servía de colofón a un buen montón de preocupaciones surgidas durante todo el día) fue suficiente para inducir a Dorothy Olsen a un estado agudamente maníaco. Echado en la cama y abrazado a ella, me quedo adormilado y, de repente, ha comenzado a araañarme la cara sin previo aviso, insultándome, con un torrente de las más sucias incoherencias, a mí y a todo lo relacionado con mi persona. Después del mediodía, y por la tarde, estuvo muy irritada y brusca, con uno o dos asomos de ataque; pero como nadie le hizo caso, no llegaron a más.

Leah, con la apariencia de un espantapájaros asustado, había llegado a Túnez a fines de marzo de 1925. Dorothy había abortado, así que, después de todo, no necesitó a Alostrael.

El 2 de mayo de 1925, Crowley, Dorothy y William George Barran, a quien la Bestia y Leah habían conocido un año antes en París, y que no tardó en convertirse en el compañero de Leah en los ritos de magia sexual, realizados para obtener salud, dinero, éxito, juventud, progreso en la Gran Obra, etc., partieron hacia Francia, dejando a Leah sentada a la máquina de escribir, mientras seguía pasando a limpio nuevos capítulos de la Autohagiografía de la Bestia. Esto es lo que, desde Túnez, Leah escribió a Mudd, el 5 de mayo:

Bestia, Astrid (Dorothy) y Barran han salido para Francia el sábado día 2, dejándome con un montón de cosas que pasar a máquina, mientras iban a conseguir un poco de dinero, etc. Cuando recibas esta carta, Barran habrá estado contigo... muy arruinado, me temo. Me ha sido de gran ayuuda, pero espero que A.C. te contará más cosas de él: considéralas en lo que valen. Me gustaría estar fuera de esta maldita ciudad. Sólo eLcie10 sabe lo que les ha ocurrido a Ninette y a los críos.

Antes de que Barran se fuera de Túnez en compañía de la Bestia y de la hermana Astrid, había añadido nuevas alegrías y dificultades a las que ya tenía Leah, al dejarla embarazada. Una nueva Leah Hirsig, que había estado germinando lentamente bajo tierra -una Leah más grande- afloraba a la superficie. «Es la primera vez», escribió, «que habiendo sido abandonada, con o sin trabajo, con o sin dinero, no me encuentro sin saber qué hacer.» En aquella ocasión, no carecía de amiigos en Túnez. Por ejemplo, estaba Gérard Aumont, que había traducido al francés The Diary of a Drug Fiend. La llevaba al cine y le daba un poco de dinero. Ella se encontraba menos deprimida y ya no pensaba seriamente en el suicidio. Por supuesto que había crisis ocasionales, con arrebatos de llanto, pero, en líneas generales, Leah iba progresando en el camino que había de conducirla al encuentro de su propia vida. Soñaba que ella y la Bestia estaban juntos en la cama, pero Leah se levantaba, abandonándole: «y me fui a mi pequeña cabaña». Su actitud respecto a Crowley se hizo crítica. «Querido A.C.», llegaría a escribir, y no como antes, «Mi Bienamada Bestia», o «Mi León Grande».

Querido A.C.: no sé si es la enfermedad, la agonía o qué ... pero creo que tengo razón al pensar que ha de ser la Fórmula del Hombre Feliz la que hace que seas tan grosero. Hasta el momento no has dicho nada de los distintos manuscritos que te he enviado, pues excepto la carta del 15 de mayo no he tenido noticias tuyas. Y, en especial, el dinero que me prometías en ella no ha llegado todavía... No creo, ni por un momento, que los Dioses sean responsables de la reanudación de aquel tonto enredo financiero. Está muy bien gritar «¡Prosperidad material!» y derrochar como un asno, pero todo eso no produce sino deudas, y encima tontas. Así que ahora te toca a ti jugar. Leah.

Al final reconocía que su amor por Crowley era una dolencia de la mente de la que debía curarse. Y la llamó «A. C.-itis». Ahora, Crowley sólo era para ella una palabra mágica, el lagos de la nueva religión, thelema.

Lo considero, en líneas generales, como una simple palabra”, escribió, con cierta ironía, en su diario, “pero resulta endiabladamente duro, cuando uno necesita tener un trato “humano” con lo que parece ser la criatura de la especie más corrupta, tener que considerarla como una Idea”.

Leah le dejó el hombre, Aleister Crowley, a Dorothy, que estaba intentando poner un poco en orden sus asuntos, y que le escribía a su antigua rival en los siguientes términos: «Bestia debe desembarazarse de las antiguas amantes y demás engorros». Pero a juzgar por una referencia aislada, que aparece en una de las cartas de Dorothy Olsen, a un ojo morado, obra de «Bestia», no debió de tener éxito en sus exigencias.

El ojo morado de Dorothy fue objeto de discusión por parte de todos los thelemitas, exceptuando a aquel que había sido su artífice. El asunto aparece reflejado en toda la correspondencia de aquellos días. En marzo de 1925, Dorothy le había escrito a Mudd lo siguiente:

Todavía sigo viva en Túnez, con muchos de los huesos de la cabeza fuera de su sitio. Es algo que no está mal: deja más espacio para el cerebro, y éste puede desarrollarse.

¿Era una manera hiperbólica de decir que la vida con la Bestia había servido para desarrollar sus ideas? Aparentemente no. Dos meses más tarde, el estado de su cráneo había empeorado. «En lo que a mí respecta», escribe a Mudd, «estoy muy mal de salud, bajo el cuidado de tres médicos de París.» Una semana más tarde, Leah, que había sido informada, tanto por Mudd, como por la propia Dorothy, de los problemas sanitarios y financieros de esta última, le escribió: «N o puedo saber por lo que me dices en tu última carta, si la operación se debe o no alojo morado ... infórmame acerca de la operación; no permanezcas tanto tiempo sin dar señales de vida y, sobre todo, no te tomes las cosas tan a la tremenda ... quizá lo peor aún esté por venir. Finalmente, en otra carta que le envía el 4 de junio de 1925, leemos que:

Tus tres cartas llegaron a su tiempo. Siento de veras que andes tan mal de salud. No llegué a saber por lo que me decías en tu primera carta si la operación tiene que ver con el ojo morado o con otros problemas. Hazme saber como te encuentras. Puedes decirle de mi parte a A. C. que su posttscriptum no me impresiona 10 más mínimo. ¿Acaso supone que quiero mil francos para comprarle un sonajero al niño [el que iba a tener de Barran]? Sabiendo que me dejó con 400 francos del dinero de Barran, hace ya cinco semanas, puedo, lógicamente, suponer que necesita saber cuándo estaré necesitada de dinero. Poco importa decírselo por escrito, cosa que he hecho tres veces por semana, a 10 largo de tres semanas, para obtener, simplemente, una estúpida promesa, que yo sabía que nunca iba a cumplir, de que enviaría dinero.

El amor y la admiración casi sublimes, que Mudd sintiera hacia su «Amantísimo Padre», se habían convertido, con las últimas circunstancias y dificultades, en una fuente de fastidio para la Bestia. Mudd no podía darle la ayuda que Crowley necesitaba urgentemente. Al contrario, era O.P.V. quien esperaba la ayuda de Crowley o, al menos, que éste pudiera dar algo de paz a su mente. Pero esto resultaba imposible para la Bestia, quien, además, no lo deseaba, como dice a las claras en la carta que, el 13 de junio de 1923, envía a Mudd: «Me pides que te conceda más atención, y la única excusa que se te ocurre es pedir ser azotado». Ahora, cada uno de ellos veía al otro bajo una luz diferente. Las dificultades hicieron que a Mudd se le cayeran las escamas de los ojos, de la misma manera que le sucediera a Leah. «A. C. es un cobarde y un falsario», escribió acerca .de Crowley. «Deja a los demás el trabajo sucio.» Pero es tan grande la debilidad humana que, a pesar de todo, Mudd persistió en sus tentativas de reivindicar el buen nombre de Crowley"

A finales de abril, o a primeros de mayo de 1925, nació el hijo de Ninette y de Arturo, y recibió el nombre de Richard. «No veo mucho futuro para este pobre bastardo» le escribió Leah, que seguía en Túnez, a Mudd. «Ninette ha sido amenazada con la expatriación: de lo que no estoy segura es a dónde. ¿Tiene la nacionalidad americana o la francesa? Sin duda, su certificado de nacimiento y su pasaporte estaban en lo que nos secuestró la Aduana. ¡Vaya jugada!» Se trataba de su cuando hijo, ya tenía dos niños y dos niñas que estaban con ella donde quiera que fuese.

Otra carta, en esta ocasión enviada por Dorothy Olsen desde París a Mudd, fechada el 23 de mayo de 1925, revela la reconciliación que se produjo entre ella y la Bestia, así como la creciente impaciencia que suscitaron Mudd y Murray, con su lucha por mantener viva y dar a conocer la divinidad de Aleister Crowley, a quien el mundo sólo veía, por lo general, como un hombre muy malo. este>Me duele muchísimo tener que escribirte estas líneas, pero debemos enfrentamos a los hechos. Las cosas han tomado, en lo que a mí respecta, y de repente, uncariz desagradable, que me obliga a esperar dos o tres semanas para ver en qué queda todo. En resumen, la situación es la siguiente: A Ninette la están echando de Cefalú y es posible que en este momento ya se haya ido. Alostrael se encuentra en Túnez, sin dinero y bastante mal de salud. Hay muchísimas deudas contraídas en el pasado y que deben ir pagándose poco a poco. Gracias a mis relaciones, las perspectivas son bastante buenas, pero si la Bestia y yo no hacemos más que recibir S.O.S. de todos los rincones del mundo, ¿cómo vamos a conseguir entrar en contacto con la gente de París y dar el gran golpe? Vamos, literalmente, cubiertos de harapos, y a menos que nos veamos libres de todas esas preocupaciones y de las cartas llenas de angustia que nos llegan desde todas las latitudes del globo, acabaremos por fracasar. Y siempre que he podido conseguir algunos dólares para ir tirando, he recibido alguna mala noticia que ha hecho que me derrumbe. Por consiguiente, no puedo hacer nada a derechas. Me hago perfectamente cargo de tu situación, que es la de Muurray, pero debo decirte que la carta que me escribís tú y Murray me suena mucho a grosería cuartel aria. Debéis tener más sensibilidad y paciencia y resistir todo lo que podáis. Resulta bastante desagradable recibir vuestras cartas, sobre todo si se las compara con las de Ninette. Si no nos dais más que una oportunidad a medias, no podremos seros de gran ayuda.

miércoles, 27 de mayo de 2009

XIV.- Los últimos días de Leah en Thelema.

Natalie Hughes es Leah Hirsig. Documental In Search Of The Great Beast 666, Aleister Crowley, 2007.

Mientras Leah y Mudd caminaban, exhaustos y melancólicos, por las calles de París, Crowley y Dorothy Olsen proclamaban la Ley y adoraban a Horus bajo la soleada luz norteafricana, en un lugar ideal para pasar las vacaciones invernales. La presencia estimulante de una mujer siempre había tenido un efecto milagroso sobre la salud de Crowley.

Al otro extremo de la historia, y en una carta al hermano Virtute et Labore, el venerable Adam Gray Murray, que había discutido con Mudd y que en aquel momento acababa de recibir una patada en el trasero, Crowley dice: «Leah me comunica por telegrama que estás enfermo de hinchazón del Ego. Espero que no. Es la única cosa que consigue sacarte de tus casillas. ¡Ah! si pudieras ver las estrellas como se ven desde aquí y darte cuenta de la Inmensidad de las Cosas, entonces no habría peligro. Tu trabajo es tan importante como el de cualquier otro grano de arena: un solo error y toda la maquinaria se estropea». Las críticas a él, a partir de hace un momento y a pesar de los intentos de la Bestía por conservar la fidelidad, se dejarían sentir hondamente en sus discípulos más cercanos y sobre todo, en Alostrael, su ya, antigua Mujer Escarlata.

Es cierto, que a pesar de esas lejanías sistemáticas que experimentaría la Bestia, otros vendrían a su vida. Empieza a ser la época de otros importantes como Karl Germer y Gerlad Yorke, Martha Kuntsel y el establecimiento de la OTO como orden internacional difusora de la filosofía de Thelema. Leah en cambio retornaría a su pasado en Estados Unidos y su oficio de maestra de escuela, pero esa historia aun está por escribirse.

Durante el mes de junio de 1925, Crowley, Dorothy Olsen, y aun Leah junto con Mudd se encontraron en París, desde donde se dirigieron a Gera, en Turingia, en espera de una convocatoria de los Magos, los delegados de la Orden que poseían la sabiduría sagrada. Ninette no les acompañaba o bien se había quedado con los niños en la olvidada Abadía de Cefalú o de lo contrario, se encontraba en otro lugar, tras haber sido expulsada de Italia por ser una extranjera que creaba problemas. La finalidad de aquella convocatoria era la elección del Supremo Dirigente de la O. T. O.

En aquellos tiempos Germer (interpretado por Crowley como el hombre rico de occidente, en referencia a la sección III, 31 del Liber Legis) dijo, sencillamente, que se sentía «hipnotizado» por la Bestia. Pero hay más que eso: Crowley era su destino hecho realidad, de la misma forma que lo había sido para Neuburg, Mudd y Leah Hirsig. Había destruido y reconstruido sus existencias, llevándolas hasta las grandes alturas. Leah y Mudd no duraron mucho en aquella convención, pues independiente de la hospitalidad de Germer, Crowley se había olvidado casi completamente de ellos. Tras un leve periodo, y muy maltrechos, volvieron a Francia.

Mientras tanto, Leah, cuya gran fe en Thelema era incomparablemente mayor que la de Dorothy, se veía obligada venderse en las calles de París para sobrevivir. Y al mismo tiempo, invocaba a Ra-Hoor- I Khuit, pues para ella, incluso en su nuevo papel de prostituta, el sexo debía combinarse siempre con la magi(k)a. Al igual que Mudd, ya no sabía quién era, y comenzó un nuevo diario con el título de «¿Diario de ... ? conocida en la Tierra como Leah Hirsig». Pero en un momento de esperanza y rebelión, escribió en una postal esta sentencia del Liber Legis: «Ya esta mujer llamada la Mujer Escarlata, ha sido dado todo el poder», y después se la envió a la Bestia. Sí, se le había entregado todo el poder, y a quien es Todopoderoso nada puede serle arrebatado: todavía cabalgaba a la Bestia. jBabalon se había puesto en pie!

Pero cuando se le pasó aquel momento de exaltación, comprendió que debía romper totalmente con Crowley y seguir su propia vida. Pero no podía hacer todo eso de golpe, pues estaba demasiado identificada con el espíritu del Mago. Debía ir intentándolo poco a poco y así, penosamente, ir deshabituándose de él. Comenzó por informar a Crowley de que como mejor podría ayudarle sería ahorrándole la molestia de tener que preocuparse materialmente por ella. Con ello sólo transfería a Crowley sus propias ansiedades y su sentido de la decencia, pues no hay nada que le permita suponer que él se hubiera sentido preocupado. Por primera vez en seis años separó las pertenencias que le eran propias de las suyas, y le escribió para preguntarle qué quería que hiciera con los libros y documentos que aún le quedaban.
A finales de 1924, Mudd regresó a Londres, y Leah comenzó a escribirle nuevamente. Sus canas revelan su estado de abandono y la amargura de su alma.


14 de diciembre de 1924.

Me estoy recobrando de una depresión que me ha hecho salir de casa precipitadamente, y volver peor de lo que estaba. La noche pasada me fui hasta el Dome, que estaba poblado por todo tipo de gentes respetables: los únicos que me interpelaron fueron los que estaban tan borrachos que no veían lo bonita que estaba con mi vestido negro y oro y mi capa teñida de negro para que hiciese juego. Regresé a casa totalmente disgustada y, además, con 20 francos menos, que no tuve más remedio que darle a un estúpido borracho, a quien se los debía desde hacía tres años, para que no fuera a ponerme un pleito. Espero que reviente con ellos, el muy cerdo. También di un beso a otros dos o tres, y muy apasionadamente, lo que disgustó bastante a mis amigos serios. ¿Puedo enterarme de lo que está ocurriendo en Londres?

16 de diciembre.
Lo único que me molesta es no poder dedicarme a mis propios asuntos por estar siempre esperando que [la Bestia] me llame, para no tener que perder tiempo en dejar lo que había comenzado y estar lista. y así no puedo preocuparme por las cosas de cada día y el problema de tener que buscar dinero, u otros asuntos más serios, como conseguir un compañero de magia [sexual] pro temo Tengo que decidirme en serio a hacer algo, dejar de decirme: «¿Para qué sirve hacer cualquier cosa? No me servirá para nada~~. Es evidente que soy incapaz de crear nada, sino el caos en mi interior. Me fui al Dome la noche pasada, y también el sábado pero no había nada interesante sino una buena reata de sinvergüenzas. Nina [Hamnett] me preguntó por ti. ¿Puedes entender que no haya visto ni un alma, excepto a Norman Hall (tres breves visitas), V.l. [Ida Crooke] y a ti, en los últimos tres meses? Y he llegado a creer que soy incapaz de establecer ningún lazo con cualquier cosa que se parezca a un ser humano. Tal parece que sea el derrotero de mi vida. Pero ahora todo esto se me agudiza por la sencilla razón de que no dispongo de lo necesario para seguir al rebaño. Estoy más sola de lo que jamás haya estado mortal alguno. Y encima atada de pies y manos.

6 de enero de 1925.
No he recibido una sola noticia tuya desde hace mucho tiempo. También yo he estado demasiado atareada para escribirte, y que soy la chica para "todo de un restaurante pequeño y sucio de Monttparnasse ... 200 francos al mes y la comida. Mis manos están hinchadas e insensibles de fregar cazuelas y mesas de mármol, pero no he dejado escapar esta ocasión y tres días de preparación (el local todavía no estaba abierto) han bastado para acostumbrarme al agua sucia, que por sí sola bastaría para que dejara el empleo. No he supuesto, ni por un momento, que pueda durarme mucho, ya que la gente chismosa irá a contarle mi historia a la patrona. Con el último correo ha llegado una carta dé Astrid, en donde me dice que me enviará algún dinero para que pueda irme a Túnez en cuanto pueda conseguir algo; espero ver hoya Norman Hall, aunque creo que ha debido irse de París. No podía pagar los 284 francos del alquiler del apartamento, que vence el 15.

20 de enero.
Me aconsejaste que conservara «ese empleo» hasta que estuviese segura de poder irme a Túnez. No creo que te imagines lo que es lavar platos, subir carbón y vino de la bodega, pelar patatas y servir diariamente a setenta personas, etc. (por lo general, 13 horas diarias de trabajo). He resistido en él dos semanas, lo que me ha permitido disponer de este apartamento otros tres meses, aunque haya tenido que estar en la cama dos días, a consecuencia del trabajo, así que no volveré. He recibido una carta disparatada de V.l., en la que me dice que se retracta de enviarme los 1.000 francos prometidos, y que, sin duda, seré debidamente socorrida por el «Jefe de los negocios». Y también que el 29 se va a Australia. ¡ojalá que el barco se vaya a pique! Aunque, probablemente, ella enturbiaría las aguas durante los siglos venideros. Soy importunada por todo el mundo [del Café du Dóme], pero no me ocurrirá ninguna desgracia hasta que no le haya pagado al camarero los 15 francos que le adeudo.

Ida Crooke se introdujo en el círculo de los thelemitas, recibió un nombre mágico, cuyas iníciales eran V.l., y después se fue; esto explica la inquina que Leah demuestra hacia ella.

Mejor sería pegarse un tiro que ir al Café du Dóme y acabar discutiendo con Leon Engers. Teed ha resultado ser un sodomita de lo más regular. Le escribí una larga carta, después de que faltara a dos citas conmigo, ya que la segunda vez vi que pasaba de largo a mi derecha.

26 de enero.

¡Qué niño tan triste eres! No siendo su madre, no sé exactamente qué hacer con un niño así, excepto abrazarle lo más que pueda. Considérate abrazado y no estés tan triste -por lo menos, hasta la próxima vez-o Le dejé una nota a Kennedy, pero él nunca contesta. Tomaré por asalto su maldito hotel, hasta que se deje ver. He cogido un empleo de friegaplatos y libro a las 2:30 de la madrugada. Esto interrumpe la hora de cenar, ya que entonces tengo que trabajar, lo que resulta un fastidio, pues cuando llego hambrienta ya no queda nada en la casa... .
... No me refiero a una paliza, con tal que no sea un verdadero sádico quien la propine. Odio a los sádicos son gente débil, como, por ejemplo, Bill Seabrook y Nina Hamnett, si te parece.

William Seabrook era bien conocido entre la bohemia de Montparrnasse por su costumbre de vapulear a las mujeres, aunque también tenía otros hábitos, ciertamente peculiares.

A comienzos de febrero de 1925, Alostrael compró un billete de tercera para Marsella y, enferma y cansada, se fue a Túnez. Había recibido el aviso esperado desde hacía tanto tiempo: la hermana Astrid estaba esperando un niño y Leah debía venir para echarle una mano.

Dorothy no se encontraba bien, ni de fuerzas ni de ánimo, por lo que la presencia de Leah sólo sirvió para trastornarla... Solo las naturalezas más fuertes pueden resistir las tensiones de la magia este viernes, 24 de abril a las· 10p.m., un Mago bastante enfadado, que estaba acostado en la cama de la habitación de su hotel en Túnez, escribía lo siguiente en su diario mágico:

Un simple trago de ron (que servía de colofón a un buen montón de preocupaciones surgidas durante todo el día) fue suficiente para inducir a Dorothy Olsen a un estado agudamente maníaco. Echado en la cama y abrazado a ella, me quedé adormilada y, de repente, ha comenzado a arañarme la cara sin previo aviso, insultándome, con un torrente de las más sucias incoherencias, a mí y a todo lo relacionado con mi persona. Después del mediodía, y por la tarde, estuvo muy irritada y brusca, con uno o dos asomos de ataque; pero como nadie le hizo caso, no llegaron a más.

Leah, con la apariencia de un espantapájaros asustado, había llegado a Túnez a fines de marzo de 1925. Dorothy había abortado, así que, después de todo, no necesitó a Alostrael.


El 2 de mayo de 1925, Crowley, Dorothy y William George Barrón, a quien la Bestia y Leah habían conocido un año antes en París, y que no tardó en convertirse en el compañero de Leah en los ritos de magia sexual, realizados para obtener salud, dinero, éxito, juventud, progreso en la Gran Obra, etc., partieron hacia Francia, dejando a Leah sentada a la máquina de escribir, mientras seguía pasando a limpio nuevos capítulos de la Autohagiografía de la Bestia. Esto es lo que, desde Túnez, Leah escribió a Mudd, el 5 de mayo:
Bestia, Astrid (Dorothy) y Barrón han salido para Francia el sábado día 2, dejándome con un montón de cosas que pasar a máquina, mientras iban a conseguir un poco de dinero, etc. Cuando recibas esta carta, Barrón habrá estado contigo... muy arruinado, me temo. Me ha sido de gran ayuda, pero espero que A.C. te contará más cosas de él: considéralas en lo que valen. Me gustaría estar fuera de esta maldita ciudad. Sólo el cielo sabe lo que les ha ocurrido a Ninette y los niños.
Antes de que Barrón se fuera de Túnez en compañía de la Bestia y de la hermana Astrid, había añadido nuevas alegrías y dificultades a las que ya tenía Leah. A pesar de ello una nueva Leah Hirsig, que había estado germinando lentamente bajo tierra -una Leah más grande- afloraba a la superficie. «Es la primera vez», escribió, «que habiendo sido abandonada, con o sin trabajo, con o sin dinero, no me encuentro sin saber qué hacer.» En aquella ocasión, no carecía de amigos en Túnez. Por ejemplo, estaba Gérard Aumont, que había traducido al francés The Diary of a Drug Fiend. La llevaba al cine y le daba un poco de dinero. Ella se encontraba menos deprimida y ya no pensaba seriamente en el suicidio. Por supuesto que había crisis ocasionales, con arrebatos de llanto, pero, en líneas generales, Leah iba progresando en lo que había de conducirla al encuentro de su propia vida. Soñaba que ella y la Bestia estaban juntos en la cama, pero Leah se levantaba, abandonándole: «y me fui a mi pequeña cabaña». Su actitud respecto a Crowley se hizo crítica. «Querido A.C.», llegaría a escribir, y no como antes, «Mi Bien amada Bestia», o «Mi León Grande».
Querido A.C.: no sé si es la enfermedad, la agonía o qué ... pero creo que tengo razón al pensar que ha de ser la Fórmula del Hombre Feliz la que hace que seas tan grosero. Hasta el momento no has dicho nada de los distintos manuscritos que te he enviado, pues excepto la carta del 15 de mayo no he tenido noticias tuyas. Y, en especial, el dinero que me prometías en ella no ha llegado todavía... No creo, ni por un momento, que los Dioses sean responsables de la reanudación de aquel tonto enredo financiero. Está muy bien gritar «¡Prosperidad material!» y derrochar como un asno, pero todo eso no produce sino deudas, y encima tontas. Así que ahora te toca a ti jugar. Leah.
Al final reconocía que su amor por Crowley era una dolencia de la mente de la que debía curarse. Y la llamó «A. C.-itis». Ahora, Crowwley sólo era para ella una palabra mágica, el logos de la nueva religión, thelema.
"Lo consideró, en lineas generales, como una simple palabra". Escribió con cierta ironía, en su diario, "pero resulta endiabladamente duro, cuando uno necesita tener un trato "humano" con lo que parece ser la criatura de la especie más corrupta, tener que considerarla como una Idea".
Leah le dejó el hombre, Aleister Crowley, a Dorothy, que estaba intentando poner un poco en orden sus asuntos, y que le escribía a su antigua rival en los siguientes términos: «Bestia debe desembarazarse de las antiguas amantes y demás engorros». Pero a juzgar por una referencia aislada, que aparece en una de las cartas de Dorothy Olsen, a un ojo morado, obra de «Bestia», no debió de tener éxito en sus exigencias.
El ojo morado de Dorothy fue objeto de discusión por parte de todos los thelemitas, exceptuando a aquel que había sido su artífice. El asunto aparece reflejado en toda la correspondencia de aquellos días. En marzo de 1925, Dorothy le había escrito a Mudd lo siguiente:
Todavía sigo viva en Túnez, con muchos de los huesos de la cabeza fuera de su sitio. Es algo que no está mal: deja más espacio para el cerebro, y éste puede desarrollarse.
Era una manera hiperbólica de decir que la vida con la Bestia había servido para desarrollar sus ideas? Aparentemente no. Dos meses más tarde, el estado de su cráneo había empeorado. «En lo que a mí respecta», escribe a Mudd, «estoy muy mal de salud, bajo el cuidado de tres médicos de París.» Una semana más tarde, Leah, que había sido informada, tanto por Mudd, como por la propia Dorothy, de los problemas sanitarios y financieros de esta última, le escribió: «No puedo saber por lo que me dices en tu última carta, si la operación se debe o no al ojo morado ... infórmame acerca de la operación; no permanezcas tanto tiempo sin dar señales de vida y, sobre todo, no te tomes las cosas tan a la tremenda ... quizá lo peor aún esté por venir.
Finalmente, en otra carta que le envía el 4 de junio de 1925, leemos que:

Tus tres cartas llegaron a su tiempo. Siento de veras que andes tan mal de salud. No llegué a saber por lo que me decías en tu primera carta si la operación tiene que ver con el ojo morado o con otros problemas. Hazme saber como te encuentras. Puedes decirle de mi parte a A. C. que su postscriptum no me impresiona lo más mínimo. ¿Acaso supone que quiero mil francos para comprarle un sonajero al niño [el que iba a tener de Barron]? Sabiendo que me dejó con 400 francos del dinero de Barron, hace ya cinco semanas, puedo, lógicamente, suponer que necesita saber cuándo estaré necesitada de dinero. Poco importa decírselo por escrito, cosa que he hecho tres veces por semana, a lo largo de tres semanas, para obtener, simplemente, una estúpida promesa, que yo sabía que nunca iba a cumplir, de que enviaría dinero...

lunes, 5 de enero de 2009

XIII.- Mi voluntad de morir es mi voluntad de seguir con vida.

En el plano mágico, en el reino de Thelema, Leah era reacia a reconocer que había aparecido una nueva Mujer Escarlata y que había ocupado su puesto. La Gran Bestia era una persona, mientras que la Mujer Escarlata era una “función”. Que Crowley, el 22 de julio de 1920, hubiese pronunciado un voto de Santa Obediencia a la Mujer Escarlata, es decir, a ella, era algo que Leah había olvidado o que ignoraba sabiamente. Obediente, Leah doblaba la cabeza y se hacía a un lado dejando paso a su hermana Astrid. «Una palabra respecto a Dorothy. Ella es la Mujer Escarlata, y su éxito, o su fracaso, será muy diferente del de las anteriores Mujeres Escarlata, pues ella es la madre de una nueva raza o dinastía.» Pero en el Café du Dome, donde Leah y Crowley eran muy conocidos, lo único que se decía era que Crowley la había abandonado y se había ido con otra mujer.

Según se iban haciendo los días más cortos, Leah iba de mal en peor.

Estaba pensando seriamente en el suicidio y preparaba su última voluntad mágica. «La vieja era del sensacionalismo ha quedado atrás. La Nueva Era tendrá su sensacionalismo, pero estará basado en la Verdad. En la noche del 28 de septiembre de 1924 me decidí a morir. Pero no pude hacerla porque tenía mucho trabajo por hacer. Es Babalón quien habla. Los thelemitas dispondrán del Libro de la Ley y de sus comentarios para que les sirvan de guía. Mi voluntad de morir es mi voluntad de seguir con vida. Después de todo, en ello no hay contradicción.»

Durante la noche del 3 de octubre se despertó, pensando que había oído una voz que gritaba su nombre: «¡Leah! ¡Leah! ¡Leahh>. Su nombre había sido pronunciado tres veces, clara y desesperadamente. Ella iba a la deriva, adentrándose, cada vez más, en un mar de muerte. «¡Leah! ¡Leah! ¡Leah!» Pero esta voz no era otra que la de Mudd, quien había regresado a Francia, después de una campaña absolutamente desafortunada en Inglaterra a cuenta de la Carta abierta. Estaba completamente enfermo y se hallaba acabado, sólo había podido sobrevivir a costa de defraudar a las patronas, sablear a los pocos amigos y exprimir a sus empobrecidos y desconcertados padres hasta la última libra.

Tu carta y lo que la acompaña [la Carta abierta} fue recibida ayer por la tarde [quien escribe es su padre] y tu madre y yo estamos profundamente preocupados y desalentados por todo el asunto. Esperamos que estés seguro de lo que haces, pues los acontecimientos a los que se alude parecen referirse al período en que estuviste ausente del país, cuando te encontrabas a miles de millas de distancia de tu héroe, y por tanto no pudiste conocer perfectamente los hechos. Si aquello en lo que te basas es exclusivamente su palabra, mucho me temo que te estés agarrando a una caña rota. Bien sabes que nunca nos gustó, y que no sentimos la menor simpatía por su causa. Desde tus días en Cambridge, siempre le vimos como tu genio malo, y tenemos un miedo terrible de que llegue a arruinar totalmente tu vida. En lo que se refiere a nuestro futuro, éste, aun en las circunstancias más favorables, no puede extenderse mucho, por lo que considero que su límite no puede estar «muy distante». Lamento tener que alegar nuestra pobreza y por eso nos contenemos de herir tus sentimientos, pero no creo que debas pedirnos que ayudemos hasta el límite de nuestras fuerzas a un héroe y a una causa por los que no sentimos la menor simpatía. Además, creemos que gastar tiempo, dinero y esfuerzo en apoyar o reparar este asunto tan controvertido no tiene sentido. Mamá está profundamente afligida, y no alcanza a ver siquiera un débil resplandor en toda esta tiniebla... te envía un poco de dinero para que lo emplees en ti...

El «espantajo» Mudd, por lo que yo sé, no se acercó a las oficinas del Sunday Express a acongojar el corazón de James Douglas, impidiendo, con ello, a los thelemitas una especie de victoria moral sobre sus antagonistas: es muy posible que, ya que sus ropas se le caían, literalmente, a trozos, no hubiera podido pasar de la puerta principal. La Bestia debía tener una fe, en los periodistas de Fleet Street, aunque lo más seguro es que estuviese probando, la resistencia de Mudd.

El hermano O. P. V., desanimado por su falta de dinero y por el completo fracaso de su campaña de Inglaterra, regresó a Francia, a vagabundear por las calles de París, en compañía de la ex Mujer Escarlata, la que antes fuera Ramera de las Estrellas, a la que Crowley grabara o dibujara entre los senos la Marca de la Bestia, y le hablaba de las relaciones existentes entre "las modernas teorías científicas y la obra más importante de la época, el Liber Legis. Era «infeliz de manera casi continua, al pensar sobre todo que la Bestia era infiel al Liber Legis 4». Ambos discutían los planes que permitirían la reinstauración de la Abadía. Ambos seguían siendo miembros de la Orden y, al fin, habían recibido instrucciones de la Bestia. Debían encontrar un trabajo: Mudd rehabilitaría el buen nombre de Crowley y Alostrael pasaría a máquina The Confessions, mientras la Bestia se hallaba en su Gran Retiro Mágico con la hermana Astrid. Aunque, en su desesperación, nada les pareciese más difícil de cumplir, y la obra de difundir la Ley algo irreal-la frase es de Mudd-, la Ley de Thelema seguía siendo lo único que les mantenía con vida.

En el diario de Leah aparecen notas de alegría cuando un amigo le da unos pocos francos, o cuando Nina Hamnett le envía diez chelines. También el profesor Mudd se apuntó algún triunfo al vender cuatro botellas vacías de medicinas por sesenta y cinco céntimos, con lo que pudo comprarse algunos cigarrillos.

Alostrael comenzó a caer en la actitud que interpreta todas las cosas desde su aspecto simbólico. Las palabras eran realidad. Todo suceso tenía su significado mágico, cualquier cosa que ocurriera era interpretada como un mensaje de los dioses, de la influencia de los planetas, o de las actividades de las fuerzas benignas o malignas. También ella consultaba diariamente el Yi King y extraía el significado cabalístico de los nombres. Visiones y sueños eran anotados y analizados. Las contradicciones se resolvían fácilmente y aparecían, misteriosamente, donde antes no las había. En su fría habitación de París, Leah se sentaba en posición de yoga y elevaba al cielo sus oraciones mágicas.

Se le ocurrió un plan. Crowley era el Sol, pero Leah era la Gran Madre. Mudd era el Hijo del Sol, nacido de Crowley. Ella realizaría una ceremonia mágica con O. P. V. En un principio, Leah no sabía exactamente cómo debía celebrar la ceremonia. Mudd comenzó a hablarle de los colores de la bandera thelémica: rojo, blanco y marrón, y no negro. «Porque mezclando rojo y blanco con negro y blanco se pueden reproducir los colores originales rojo y blanco, mientras que el negro queda destruido para siempre, al mezclarse con los otros dos, dando lugar a un tercer color.»

5 de octubre de 1924. Me eché por encima la capa azul para ir al cuarto de baño. Entré y me puse mi vestido de color negro y oro. Me resultó extraño que la prenda Íntima que me había puesto, de color blanco, estuviera manchada por la menstruación y por el vino, y que estuviera amarillenta en bastantes zonas (a causa de la diarrea). Comprendí que debía prepararme para la ceremonia, aunque no supiera cuándo podría realizarse. Estaba un poco preocupada por haberme puesto la capa blanca, ya que sólo en aquel momento comprendí el CCXX-Il -versículo 49 lO. La luz Mágica todavía me deslumbra, pero ya me voy acostumbrando a ella, y creo que tendré tiempo para glorificarme en su maravilla.
De repente, se dio cuenta de la naturaleza de la ceremonia que deseaba realizar: unas Bodas Mágicas. A pesar de los Señores de la Iniciación y de la expresa prohibición de la Bestia, se casaría con el herrmano O. P. V. Antes que nada, había que celebrar un Banquete Nupcial Mágico.
Leah llevó a Mudd a un restaurante y encargó té, pan, jamón e higos, que representaban, respectivamente, los colores oro, blanco, rojo y negro. El camarero volvió para decirles que no tenían higos. Éstos les eran absolutamente necesarios, y Leah pidió a Mudd que saliera a la calle para tratar de encontrar algunos. Regresó con uvas negras, por lo que le tocó salir nuevamente. Al final, después de «mucho, muchísimo tiempo», volvió con cuatro higos, nada más. Para entonces, el té ya estaba frío, pero no tenía importancia.

Mudd no tenía la más ligera idea de lo que se estaba fraguando. «Entonces procedí a decirle que todo aquello no era otra cosa que el banquete nupcial, porque el Príncipe había encontrado la zapatilla de Cenicienta y pensaba llevársela a su castillo. Y porque Parsifal, habiendo encontrado su lanza, estaba en condiciones de usarla.»
Posiblemente, Mudd sintió gran alegría, pues su aspiración a casarse con Alostrael, la única mujer que había amado, no le había abandonado. Antes de conocer a Alostrael, «siempre había considerado el matrimonio con cualquier mujer algo absurdo y que no me afectaba», escribió en cuanto se le ocurrió por primera vez: la, idea de casarse con ella.
Cada uno tomó una uva, un sorbo de té frio, una delgada loncha de jamón y un trocito de pan blanco. En cuanto a los higos, que había sido la causa del retraso, no fueron tocados, porque de improviso, le recordaron a Leah la historia de Adán y Eva: cualquier cosa que viniera de la Biblia era para ella algo equivalente a una blasfemia.
Mudd era ahora Parsifal, y Leah le instruyó en el uso de su lanza.
Se veía renacida: los mitos y los cuentos de hadas señalaban un nuevo rumbo a sus vidas. Emplearía toda su fuerza creativa en enseñar a su hijo Parsifal el uso de la lanza, para que luchase por la buena causa.
Pero lo primero que había que hacer era enviarle una carta a Ankhhf-n- Khonsu, el sacerdote de Tebas, encarnación de Crowley durante la vigésimo sexta dinastía. Y Parsifal tuvo que salir, una vez más, para echar la carta al correo. Nada se sabe nada de su contenido.

Parsifal dedicó mucho tiempo a crear la corriente mágica necesaria para contactar con Ankh-f-n-Khonsu. Leah escribió que le llevó toda una eternidad. Siguieron hablando de magia y mitología, y Alostrael utilizó sus poderes de Gran Madre para fascinar e inspirar a Parsifal. Al final, fueron a la habitación de ella para consumar su matrimonio, «en el que rendimos homenaje a Ra- Hoor- Khuit».

Mudd se quedó sorprendido ante la revelación que le hiciera Leah de que él era Parsifal, y durante breve tiempo se sintió reconfortado y feliz. «Babalón me dio la "fuerza de Babalon", que disfruté durante unas horas, en la forma de una tranquilidad de mente poco usual, amén de gran serenidad y de una exaltación general de mis energías.»
Opus 1. Para la difusión de la nueva civilización. Con un hombre que no se sabe quién es, aunque normalmente se llame Norman Mudd.
Permanecieron juntos durante varias semanas, buscando los medios/ y las diferentes maneras posibles de enseñar la nueva religión, cumpliendo todas las órdenes que la Bestia les enviaba desde Túnez, y realizando, con regularidad, los actos de magia sexual que habían llegado a, ser parte de la rutina de la Abadía.
Es muy interesante ahora hacer un parentesis en Ninette, quien después de la partida de Adam Gray Murray, había quedado en la Abadía, a solas con los pequeños, luchaba por mantenerse animada, a pesar de las dificultades extremadamente penosas que la rodeaban. Por si éstas no fueran suficientes, había que añadir otra más: se había quedado embarazada. El padre del «Maestro Bastardo III», como ella llamaba a su cuarto hijo que estaba por llegar, era ese “delicioso muchacho”, Arturo Sabatini. Describió su situación en términos thelémicos: «Me he sentido muy resentida conmigo misma, por quedar otra vez embarazada en contra de mi voluntad, y todavía lo estoy; pero aceptaré al niño, ya que él, al elegirme a mí como madre, no ha hecho sino su verdadera voluntad; y además, haré todo lo posible para darle lo mejor que tenga». Con anterioridad, el 2 de noviembre de 1923, había escrito a Mudd lo siguiente: «Mi plan consiste en irme mañana a Palermo, después del mediodía, con Isabelle [su niña de seis meses de edad] a buscar el material [heroína o cocaína], dejando la casa y los niños al cuidado de Sabatini. Este chico ha sido para mí un regalo del cielo. Es servicial, discreto y sincero».

Se enfrentó con los problemas a los que el hado la había conducido y, en especial, con el más importante de ellos, desconocedora aún del más grave que la aguardaba en un futuro no distante. Si la doctrina de Thelema posee algún significado, éste no será sino el de buscar la «verdadera voluntad» de cada uno de nosotros y, después de haberla encontrado, actuar en consecuencia con ella, es decir, comportarse en armonía con uno mismo. Lo que Apolo, por mediación de su oráculo, había dicho, y que había sido inscrito en una piedra de su santuario de Delfos: «Conócete a ti mismo», venía a ser lo mismo. La carta que Ninette escribe en la Abadía el 15 de octubre de 1924 y que envía a Leah y a Mudd, da idea de lo que había estado haciendo hasta ese momento, estas cartas son extraordinarias:


Mi querida Lala, O. P. V. y los demás, Haz lo que quieras será toda la Ley.

Lala, tu carta de hoy por la mañana me ha llenado de vergüenza y alegría. Es cierto que estaba muy decepcionada de mí misma y de mi futuro, sabiendo que todo se halla en Manos de los Dioses. No hacía más que enfurruñarme, dar coces y sentir lástima de mí misma, engañándome injustamente. Así no se soluciona nada. Y todo permanece igual. He puesto en práctica todos mis recursos para conseguir dinero, pero sólo he reunido lo justo para ir tirando. Tengo una gran curiosidad por saber hasta dónde podría llegar este pequeño juego si me diera por vencida. En mi última carta enviada a O. P. V. figuraba una lista de las cosas que había vendido; desde entonces me he desprendido de los zapatos de Raoul (26 liras) y de dos pares de zapatos viejos de la Bestia, que se ha llevado Perpina [una lugareña], quien sólo me dio por ellos 5 liras y tres kilos de pan. He ido a ver al barón [CarIo, el propietario], se lo he explicado todo, y le he pedido tiempo. Él sólo ha dicho, «domani»; desde entonces han pasado dos «doomanis», y como esta mañana ya no me quedaba nada, he ido a vede, y le he presentado mi súplica. «Imposible, ahora no puedo.» Así que, simplemente, me he quedado un rato, y después más tiempo, hasta que me ha dado diez liras. i El muy cerdo estaba furioso y entonces supe que no me iba a dar la botella de vino que le había pedido! ¡No nos habíamos dignado invitarle a cenar cuando nadábamos en la abundancia! Así que le enviaré las 75 liras que conseguí sacarle durante estos difíciles meses. Seguimos vivos y en buen estado... hasta ahora. Para mañana sólo disponemos de dos céntimos y de la comida suficiente para poder pasar el día despreocupadamente. ¿Cuál será la milagrosa procedencia de nuestro próximo cheque? Diariamente consumimos, a crédito, dos litros de leche, que el lechero aún nos fía, ¡qué buen hombre!

La casa [la Abadía] está muy bonita. Durante el invierno nos hemos cambiado de habitaciones. Yo me he ido a la soleada Cauchemars [la haabitación de la Bestia] y tengo en la habitación de al Iado a Mimí y a Lulette. Howard está en la bodega. He convertido la habitación de V. L. en mi vestidor aunque he dejado en ella el escritorio, con todo su «papeleo», fuera del alcance de los pequeños.

Soy la futura madre de un bastardo de buena salud que me propina patadas, y que debiera dar a conocer su sexo, según lo previsto, en el mes de marzo. Espero que esto no asuste a nadie, a pesar del aviso que recibiera en cierta ocasión de que no fuese tan indulgente con mi pasatiempo favorito: prometo tenerlo un poco más en cuenta en posteriores ocasiones.
Le he dado muchos abrazos a Isabella.
P. S.: Sigo sin tener sellos para poder enviaros esta carta. Hoy ha sido el peor día de toda esta crisis. Mi ánimo ha alcanzado una cota de depresión sin precedentes. El tremendo estancamiento y la persistencia de nuestras dificultades me hacen desear tanto un cambio que hasta la prisión sería bien recibida: llevo dos noches de insomnio. Me cuesta trabajo hasta respirar, por lo que tengo que hacer cualquier cosa que me impida pensar en ello. Arturo y yo hemos estado discutiendo tanto que le he echado de la Abadía. Ha demostrado más falsedad e impertinencia de la que puedo aguantar. No pensé que volviera a verle de nuevo: había salido a pasear después del mediodía, y cuando he regresado me lo he encontrado en casa, dando a entender con sus acciones y su mirada que se había «reformado». Había traído provisiones: un poco de café, azúcar, queso, pan francés y queroseno. Santa Claus no lo habría hecho mejor. ¡Dios, qué bien me sentó aquel detalle! Supuso todo un cambio y llegué a sentirme con la vivacidad de un mono, y el muchacho se alegró de nuestro contento. Parecía como si llevara seis meses en una prisión, con sus mejillas hundidas y su cara pálida. Sin poder trabajar, a causa de un divieso que le había salido en la mano derecha, y sin hogar, que había abandonado por completo, los tiempos para él no han sido fáciles.
¿Podéis imaginaros a lo que nos supo aquel café y el pan francés? ¡Llevábamos meses sin probar el café! El pan que mojábamos en la leche se nos había hecho intolerable. Tomé el café con una sensación de reverencia, como si se tratara de Ambrosía enviada por los dioses; y eso era precisamente. En lo referente al queroseno, son las 8 :30 y dispongo de luz para poder escribir. Todos estos días me iba a la cama a las seis de la tarde.
Lala, quizás esté loca, pero me siento feliz. ¿Quizá las buenas cosas nunca vengan solas? ¿Y mañana tengamos noticias, dinero, quizá visitas? Mi sangre circula nuevamente y respiro con más facilidad.
¿Qué estás haciendo en París? ¿Vas a venir por aquí? Me gustaría cuidar de ti.
Carlo le dijo a Arturo que estaba cansado de que siempre estuviera pidiendo y que iba a echarme a primeros de enero. No hay duda de que intentará todos los trucos sucios que se le ocurran.
Howard recibió una caja muy grande con ropas de Helen [Fraux], sin ninguna misiva que la acompañara. Ahora está bien provisto para el invierno y puede ir a la escuela, en lo que a ropa se refiere. No sé qué hacer con las más pequeñas.
Lulú me pregunta por qué no la abrazo y la aprieto como tú hacías. A ella le gusta mucho y yo nunca se lo hago.

También le gusta hablar mucho, nunca se para y razona increíblemente bien. Ha aprendido a ir sola al Umbilicus [la guardería] o al cementerio. Jane Hera [apodada «Mimí», de dieciocho meses] tiene problemas con el estómago, la cara pálida, un temperamento infernal y siempre anda malhumorada. También sabe andar sola, como un pato mareado, y se va muy lejos, por lo que no resulta nada divertido traerIa de nuevo a casa.
Tengo bien claro que los nuevos bastardos son asunto exclusivamente mío, y nada halagüeño, si uno se pone a pensar. Os envío mi amor, a vosotros y a todos los vuestros cuando los escribáis a Londres.
¿Hasta dónde va a llegar esta vez? ¿A dónde nos dirigimos? La Bestia parece estar tan ciego como yo.
Re[ cuerda] lo que se ha quedado en la casa. Hay dos cajas grandes que nunca os he enviado por carecer del dinero suficiente para ello. O. P. V. me dijo que se las enviase a Agnel para que las guardase, hasta que él le dijera lo que había que hacer con ellas. En ellas, entre otras cosas, están el Altar de Bronce, la alfombra masónica, las espadas de pega, formularios de Neófito, ya rellenados, que tendría que enviar por correo, pero que no me es posible, y cuadros sin bastidor. También «Leda y el cisne» (que han sufrido terribles mutilaciones a manos de Lulú) y el rostro de un hombre mayor (demasiado grande para caber en una caja).
He metido en estas cajas todo lo que he pensado que era de valor y que se encontraba en la casa.
Prácticamente, todo ha quedado metido. Veréis que dentro hay cosas que no tienen ninguna utilidad, pero que eran necesarias para que las cajas no estuviesen medio llenas. Sólo es cuestión de disponer de 30 liras para enviárselas a Agnel. Si consigo vender la mesita para el té que todavía anda por aquí, podré echarlas al correo. No es cuestión de ir a empeñar las joyas por ellas.
Para complacerte en lo último que me decías recorrí toda la casa, para cerciorarme de si todo había sido empaquetado ... Quedaban las obras completas que la Bestia tiene para su uso personal, los ejemplares del Liber LXI (el que se entrega a los que quieren ser Neófitos de la A:. A:), del Liber VII (uno de los Libros Sagrados de Thelema), varios libros de Shakespeare y La Caza del Snark. Éstos, que son todo lo que él puede necesitar, los enviaré por correo. Cualquier otra cosa o se ha perdido, o está en las dos cajas antes indicadas.

Ninette a Leah: 17 de noviembre de 1924.
Mimí tiene el estómago bastante mal, y aunque me parece que mejora, todavía no puedo juzgar. Lo único que esto va a conseguir es que la pobre niña se convierta en el ser más aprensivo que jamás haya conocido. No puedes imaginarte los alaridos que daba; los demás estábamos desquiciados.
Lulú salió corriendo hacia el Umbilicus en busca de un poco de tranquilidad, y Mimí se quedó dormida, de puro agotamiento. Anuro cuidó de todos nosotros, compartiendo lo que tiene, ayudándonos, en suma. Pero oye poco, tampoco ve mucho y, por si fuera poco, le ha salido Un divieso en un pie que le impide caminar.

¿Cuándo te veremos de nuevo? Querrás a Lulú: en cierto modo está muy mayor, y no es consciente de su dulzura, aunque, por lo general, se refiera a ella misma con los términos de «la dulce y pequeña Lulette». ¿Te escribes con Alma [la hermana de Leah] y has conseguido que acepte algunas de tus ideas? ¿Qué ha hecho con Hansi? ¿Le ha enviado a la escuela . Por favor, toma un poco en consideración mi idea de abandonar esta casa a primeros del próximo enero, antes de pagar de nuevo su exorbitante alquiler. .. Para lo que me queda de embarazo y de estar aquí, creo que debería ir a otro sitio, en la propia Cefalú, que fuese más pequeño. Por favor, dame tu parecer.

Bueno, Hera Jane se acaba de despertar y ya comienza a quejarse nuevamente, tirando todo lo que encuentra dentro de la habitación, rodando por los suelos, chillando como si la despellejaran en vivo. Ciertamente debe de estar mejor. Nunca había visto un temperamento similar en un ser tan joven -sólo el cielo sabe en lo que acabará convirtiéndose-- y si sólo fuese cosa de poco tiempo, hasta podría llegar a ser divertido. Una zurra no le hace gran efecto: se agita con la audacia de un espíritu malvado; y no se doblega a nada si no es por la fuerza. Cuando está en un buen momento es de un carácter muy dulce, pero no deja de ser altanera y testaruda y de hallarse dispuesta a sentirse ofendida por la menor cosa. Será tan distinta a nuestra dulce Lulette como sus padres.

Isabella Isis Selene Hécate Artemis Diana Hera Jane, Mimí en diminutivo, tenía un temperamento muy fuerte. Pero todavía no había llegado lo peor al parecer
Otra carta de Ninette a Mudd, sin fecha, pero posterior a las tres que ya se han reseñado, presenta unos caracteres más depresivos. ¿Por qué no cogió la niña y se la llevó? Ninette no era persona que careciese de inteligencia o de fuerza de voluntad. Lo que no tenía era un lugar a donde ir, o conocidos y amistades que pudieran darle abrigo a ella y a los niños. La explicación más plausible es que su amor hacia la Bestia, su filosofía y el extraño mundo en que él se movía exigían todo su ser.

“Y no había sacrificio que ella no estuviera dispuesta a hacer por su causa. A finales de noviembre de 1924, Mudd le había enviado 450 francos, que al cambio le supusieron 507 liras. Cuando Marino se enteró, me siguió a la oficina de Correos, con intención de detener el pago si no percibía una parte. Me negué a ello enfurecida, y entonces discutimos. Vino esta mañana a discutir amistosamente, y me vi obligada a claudicar. Se llevó el escritorio de la Bestia, entregándome 50 liras, ya que el resto lo había deducido de la factura. Spallino se llevó la mesita para el té, que valoró en 150 liras de las que se quedó con la mitad, que era a lo que ascendía el importe de la factura que le debía.

Y al final no tuvimos para la carne, los huevos, el té o el café. Todo eso era difícil de conseguir. .. sólo pude conseguir pan a crédito. Si no vendo nada, mañana no tendré ni carbón de madera ni queroseno. Bestia me dijo que esperase, que iba a recibir dinero en seguida. Creo que debía darle algo a nuestro lechero, no vaya a ser que nos corte por completo el suministro. Nunca hemos sufrido tanta hambre ni nos hemos visto privados de tantas cosas. Howard es el único que está un poco pálido, y por su aspecto parece necesitado de carne roja. Yo me encuentro bien, pero a estas alturas estoy terriblemente harta de lo mal que va todo. Yo supongo que tú andarás mucho peor que nosotros. Tus cartas menudean. ¿No tienes, ni siquiera para un sello, con el que enviamos una breve nota?

Puedo mantenerme con una libra semanal, si rebajo un poco los gastos, que viene a equivaler a 100 liras. Y lo mismo es aplicable a Mimí. La casa está demasiado fría para que pueda mejorar su estado. No puedo hacer que entre en calor ni siquiera en la cama.

El año nuevo de 1925 llegó rápidamente, y Ninette y los niños seguían en la Abadía. Las posesiones más valiosas de la Bestia, los manuscritos de sus obras y sus pinturas habían sido empaquetados en dos cajas de gran tamaño, tal y como Ninette contase a Leah en su carta del 9 de noviembre de 1924. Por mediación de Agnel fueron enviados a un lugar seguro, posiblemente a Gilbert Bayley, en Londres. Las autoridades aduaneras británicas abrieron las cajas y no les gustó lo que vieron quizá les gustó demasiado, pero pensaron que era demasiado bueno para que lo viese el público, como por ejemplo el poema Leah Sublime; y si ha llegado a nuestras manos debemos agradecérselo al devoto Mudd, que lo copió diligentemente con su letra de estudioso en uno de sus libros de notas. La Aduana confiscó todo el envío.

El 7 de marzo de 1925, Leah, que se hallaba en Sidi Bou Said, en la costa de Túnez, escribe a Mudd, que sigue en Londres:
Esperamos ansiosos que nos comuniques las noticias definitivas de lo que ha pasado en la Aduana. Barran sugiere que vayas a ver al jefe de Aduanas del Ministerio de Comercio. No pierdas tiempo. Da a entender que, aunque parte del material enviado pueda parecer pornográfico al hombre que ha recibido una educación convencional, en realidad no lo es.

Recuerda que las Aduanas no podrán retenerlo indefinidamente. A no ser que armes un buen embrollo se dispondrán a destruido de inmediato. Envíanos inmediatamente un informe de tu entrevista con el jefe de Aduanas. Si no te resultara satisfactoria, ve al funcionario del Ministerio que está encargado de la documentación del servicio de Aduanas. Habla con su secretario personal y consigue una entrevista.

Es difícil que el muerto de hambre, andrajoso y, por aquel entonces, ya demente, de Norman Mudd, viera al ministro o a su secretario personal y le expusiera su caso; y todo aquel material relacionado con Thelema: escritos, libros, fotografías, periódicos, pinturas, etc ... fue, a su debido tiempo, destruido por orden de un oficial de las Aduanas de Su Majestad, que no era consciente de todo aquel acervo de arte, literatura y libertad. Barron, (William George Barran) era un nuevo discípulo.
Ignoro cuándo y en qué circunstancias Ninette abandonó la Abadía del Haz lo que Quieras.

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Anno IVxvi Sol 15° Capricorn, Luna 1° Taurus Dies Lunæ
lunes, 05 de enero de 2009 e.v. 12:12:37
"Do what thou wilt shall be the whole of the Law." - AL I,40
"Love is the law, love under will." - AL I, 57