"TODOS TENEMOS UN GRIAL... Y YO HE ENCONTRADO EL MIO".

sábado, 19 de septiembre de 2009

XVI.- EL FIN.

Leah en casa. Acuarela con laca sobre papel hilado 21 X 26,5 CM. abril 2006.Dibujo publicado en la pagina británica Lashtal.com The Aleister Crowley society, 15 diciembre 2006.

La historia de Leah Hirsig en Thelema toca a su fin. A partir de entonces no sigue con su diario mágico, y Crowley tampoco la menciona en el suyo. Tenía treinta y cinco años cuando conoció a la Bestia. Lo que en una ocasión le dijo Crowley puede darnos una idea acerca del estado en que se encontraba por aquel entonces: «Das siempre la impresión de que te vas a echar a llorar». El comentario de Leah fue el siguiente: «Siempre me he sentido así durante... toda mi vida».

Una carta de Mudd, desde Weida, fechada el 3 de noviembre de 1925, y enviada a Martha Küntzel, que sigue en Leipzig, nos da algunos detalles sobre la difícil situación en la que se encontraban, por aquel tiempo, los dos discípulos más devotos de Crowley:

“Que yo pueda ir o no a Leipzig -incluso en una visita de corta duración, lo que me gustaría sobremanera- es algo totalmente incierto. Depende de lo que 666 quiera que haga respecto a determinados asuntos. Pero Saturnus (Germer) podrá acercarse hasta Leipzig antes del 16 de noviembre, aunque sólo sea para ver que Leah se encuentra bien. Creo que debería recordar que está fuera de toda discusión que ella permanezca aquí durante la venta de la casa. De hecho, se encuentra ahora muy empobrecida, sin poder trabajar y, además, está un poco preocupada porque piensa que nos distrae de nuestras ocupaciones. Su alejamiento del mundo deberá continuar hasta finales de noviembre, y debemos hacer todo lo posible para aseguramos de que las cosas están en su sitio, y de que todo se desarrollará con normalidad. Saturnus y yo pensamos (y yo creo que ella también está de acuerdo) que, en cuanto le sea posible, debe abandonar Weida y dirigirse a Leipzig para preparar el viaje, que no es un asunto nada fácil. Ya te avisaremos. Una vez que esté en Leipzig, si no te importa, queremos que te ocupes de ella en general, aconsejándole, por ejemplo, un buen lugar donde quedarse hasta que dé a luz. Creo que eso hará que te sientas feliz. Leah, como sin duda habrás adivinado, es uno de los más importantes engranajes 'de la Gran Obra. Su salud siempre ha sido delicada y aunque se encuentre en buena forma, nunca deja de ser nerviosa. Cualquier percance se convierte para ella en una terrible contrariedad. Puedo decirte, con toda franqueza, que la salud de Leah es lo único de la presente situación que, por mucho que lo intente, no deja de preocuparme”.

El niño nació, por fin, y supuso para Leah algo de alegría; le llamó Al, la palabra clave del Liber Legis, que es uno de los nombres hebreos de Dios, y por ello, muy apropiada para un niño. Pero aquella historia no tuvo un final feliz. William George Barron, el padre de la criatura, no sólo no se casó, sino que desapareció, yéndose al Oriente, ante la indiferencia de Leah, a quien él no parece haberle gustado nunca demasiado.

Ella seguía contando, no obstante, con el fidelísimo Norman Mudd, en cuyo diario se recoge que Leah había roto el corazón de su madre.

Los dos vivieron juntos, algún tiempo, con los miembros de la rama alemana de la O.T.O.

Durante los dos años que siguieron, Leah encontró la ocasión de escribir a Crowley algunas cartas, escasas y áridas, sobre cuestiones referentes al Liber Legis y al destino de la humanidad; pero finalmente, Crowley, que desconfiaba de sus intenciones, promulgó desde su hotel de París una encíclica que la condenaba como fuente de pestilencia, instando a todos los miembros de la Orden a destruir, sin haberlas leído, todas las comunicaciones que hubiesen sido escritas por ella.

¿Qué había hecho esta vez? En el Comentario al Liber Legis se dice: que «está prohibido el estudio de este libro ... los que discutan su contenido deberán ser rehuidos por todos ... ».

Así pues, ésta era la acusación oficial: Leah Hirsig, antigua Mujer Escarlata de la Bestia 666, había discutido y estudiado el Liber Legis. La denuncia era incontrovertible: ambos lo habían discutido y estudiado durante años. Sin embargo, la Bestia le ofreció un medio de expiación: debía procurarle «las pruebas pertinentes para acusar a Norman Mudd de felonía». Según Crowley, O.P.V. le había robado algunos libros. (¿Acaso había alguien a quien no llamase ladrón?)

Mudd, que se moría de hambre, odiado y despreciado por Crowley por motivos que escapan a la razón, había vendido algunos ejemplares de The Scented Garden of Abdullah the Satirist of Shiraz y algunas colecciones de The Equinox para procurar fondos a su Maestro, y había cogido para sí parte de lo obtenido, con intención de proseguir la Gran Obra.

Pero Leah no quiso dejar a su único compañero y amigo a merced de la Bestia. Así pues, envió a Crowley una circular impresa y firmada en la que renunciaba a su papel de Mujer Escarlata.

La fe de Mudd sufrió una transformación inesperada. La llegada del Nuevo Eón seguía siendo algo cierto, pero no se trataba del Eón del Hijo Coronado y Conquistador, es decir Horus, puesto que Crowley era un Falso Profeta. El se había confundido al adorar a la Bestia, ya que debía haberse adorado a sí mismo. Y comenzó a proclamar que él, nadie lo diría, Omnia Pro Veritate, era el Maestro del Mundo al que la humanidad esperaba. Pero sólo consiguió irritar en tal grado a su anfitriona, Martha Küntzel, que ésta, después de llamarle saboteador, le echó a la calle.

Martín Booth añade que “Crowley le dio una oportunidad de reconciliación. Pensaba que Mudd había robado alguno de sus libros para venderlos. Si Leah confirmaba sus acusaciones, Crowley le perdonaría sus transgresiones contra él. Pero por entonces la visión que Leah tenía de Crowley había cambiado mucho y se negó a calumniar a quien alguna vez fue su esposo mágico. Crowley se enfureció tanto que envió una circular por la que la repudiaba oficialmente” (pag 544-545).

Hay un último documento, el más extraño de los escritos thelémitas, la última palabra de Leah Hirsig a Aleister Crowley, que fue enviado desde España, con fecha de 6 de septiembre de 1930 (según mArtin Booth ese documento fue redactado en Suiza en diciembre de 1929 Su satánica majestad pg 544), y que está escrito con la pulcra caligrafía de Norman Mudd. Está dirigido a «E.A. Crowley Esq.», y comienza con el tratamiento de «Estimado Sr.», acabando con un «Suya afectísima» firmado por «Leah Hirsig». No aparece en él el saludo thelémico de «Haz lo que Quieras será toda la Ley», ni el corolario de «Amor es la Ley, amor bajo el dominio de la voluntad»; pues en esta carta no hay ley, ni mucho menos amor: es el acto final en el que se despoja de Crowley y de su credo; pero no resulta convincente: todavía sigue poseída por «el demonio crowleyano», pues su sombra corre en pos de ella, y también en pos de Mudd:

“En varios momentos de mis anteriores relaciones con usted, y actuando en parte bajo su inspiración, contraje diversos juramentos u obligaciones similares.

Le comunico que todas las promesas que antaño le hiciera personalmente a Vd. -sean llamadas o descritas como juramentos, votos, obligaciones, empeños, o de cualquier otra forma- ya sean garantizadas por mi firma, mi palabra hablada o por otro medio; todos los pactos, estatutos e instrumentos del tipo que sean, que puedan dar a entender que usted posee algún derecho formal sobre mí, han prescrito desde este momento, y en lo que a mi concierne.

Defino el símbolo X para indicar una determinada ceremonia, con la que deberá darme a entender, en una forma que yo aprobaré, que ya no me liga a Vd. ninguna obligación de tipo personal.

Defino el símbolo X para indicar el período de tiempo que comienza hoy mismo --6 de septiembre de 1930-- y que se prolongará hasta que, pero no después que, Vd. me envíe un certificado oficial declarando que la ceremonia X ha sido realizada debidamente.

Durante todo el tiempo de X, ignoraré, para mi deleite, 1) cualquier insinuación de que cualquier comunicación de Vd. es confidencial o restringida del modo que sea, y 2) cualquier mensaje escrito de su parte que no vaya firmado con su apellido -Crowley- ni escrito con una caligrafía que yo pueda reconocer como suya.

Defino el símbolo X para indicar el momento del mediodía (según el meridiano de Greenwich) del 6 de octubre de 1930.

Defino el término Lyg como un nombre común que significa una proposición que yo ofrezco al conocimiento de otros -alguna supuesta inteligencia distinta de la mía- como si yo creyese en la proposición, mientras que en realidad no creo en ella.

Las palabras del género Lyg no necesitan ser formuladas como palabras.

Puedo producir y transmitir Lyg por cualquier medio de comunicación: generalmente, mediante gestos y representaciones, dibujos, olores, vestidos, música -signos positivos, como cosas visibles y aparentes, señales e indicios de innumerables tipos -y también, negativos, mediante silencios significativos y otros mecanismos de inhibición, etc".

El único comentario de Crowley a este documento, la magia de Leah contra su magi(k)a, está escrito a lápiz sobre su encabezamiento: «Redactado por Norman Mudd ... lunático y ladrón».

De esta manera, Leah Hirsig, la Mujer Escarlata, renunció a Aleister Crowley, la Bestia 666, y salió de su vida. De todas las mujeres que Crowley amó, pretendió amar, o pensó que había amado, fue la que más cerca estuvo de su corazón y la que más derecho tenía a exigir su fidelidad pero, a pesar de eso, la echó a un lado y siguió glorificando a los dioses inmortales. Y ni él ni ninguno de sus seguidores thelemitas supo de ella. De aquí en adelante su historia se nos hace nebulosa y complejamente, sencilla. Algo se rumoreó acerca de que se había convertido al catolicismo y de que en el seno de su Iglesia, según Symmonds, encontró finalmente, la paz.
Algún tiempo después, en la década de los treinta, regresó a los Estados Unidos y durante 1949, cuando John Symonds estaba escribiendo su biografía sobre la Bestia, le escribió una de sus hermanas, rogándole que no mencionase el apellido de Leah ya que había regresado a su antigua vocación de maestra. Por esta razón, en la primera edición de La Gran Bestia, la llamó Leah Faesi.

Como podemos observar en las ediciones de The King of The Shadows Realm y The Great Beast, según John Symmonds murió en 1951, lo que es erróneo. Incluso se siguen reeditanto estos textos como la versión española de Javier Martín Lalanda sin hacer crítica a ese error. Incluso el mismo Martin Booth que se supone había avanzado también en la investigación en torno a Crowley da por hecho aquella fecha de muerte (Su satánica majestad, A Magick Life, pag 545)

Leah según mis últimas investigaciones y los invalorables aportes de Jorge Maxit (familiar directo de ella), hoy sé que falleció el 22 de febrero de 1975 en Suiza a la edad de 92 años. Hay una fotografía en posesión de Jorge Maxit que he visto, tomada en Berna en 1953 en un estudio que creo hay otras copias. Jorge me cuenta que tiene una dedicatoria en el dorso a su abuelo escrita en alemán. Aparece citándolo “vestida con un abrigo algo tosco, grueso y una camisa con un lazo de varias vueltas a la manera de corbata. Leah tiene el pelo recogido, algo blanco pero no totalemtne. Usa anteojos de plástico. Su piel muestra arrugas, pero ellas son finas. La foto fue tomada el 8 de abril de 1953 y enviada a Juan Hirsig el 30 de junio del mismo año a Rosario, Argentina. Esta es la prueba que desmiente la fecha de John Symmonds absolutamente diera sobre su muerte". Por respeto a la familia y por desición de Jorge no la publico aqui.

Es una imagen maravillosa. Es la época en la que se encontraba completamente desvinculada de las actividades que la hicieran famosa y se dedicaba a enseñar, aparece de 69 años y se ve muy bien, radiante, hermosa a pesar de todo lo que vivió y sus años de rigor. Sus ojos son cristalinos y expresivos detrás de esas gafas gruesas, mirando fijamente al espectador. Debajo de la línea que separa su nariz, hay un leve atisbo de sonrisa en la comisura de sus labios, lo cual habla que en ese aspecto Symmonds no se equivocó ebocando sus últimos años, pues deja ver su paz.

En las múltiples conversaciones con Jorge, han aparecido los momentos en mi mente, en los cuales me imagino depositando una flor en alguna sepultura del cementerio de Meringen que está al este de Interlaken, sobre la ladera norte de la montaña que delimita el valle donde se encuentran los dos lagos. Ahí actualmente viven algunos Hirsig, que poseen un hotel, y de seguro, tienen noticias del lugar donde descansa finalmente la Amada Maestra Leah Hirsig, Alostrael. Estos serán los pasos de ahora en adelante en torno al homenaje que le brindo a esta mujer notable, llena de pasión y vida, por lo que este blog, aun no está finalizado.

En las próximas publicaciones intentaré esgrimir lo que ocurre con Leah después de 1929, cuáles fueron los pasos que siguió, cuales son las opiniones de otros autores sobre ella y una traducción de sus diarios magickos al idioma castellano. Es de esperar, seguir disfrutando de su compañía en esta vida y en el astral.
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Sol 27° Virgo, Luna 14° Libra Dies Saturnii
sábado, 19 de septiembre de 2009 e.v. 20:42:27

Vista panorámica de Meiringen, Suiza.
Fotografía de las calles de Meiringen hoy.





Este video muestra la entrada a la recién inaugurada Alpbachschlucht en Meiringen, con vistas panorámicas al pueblo. Así por tanto debe ser el paraje que rodea el cementerio donde está enterrado nuestra amada Leah. Video del 2008.





Visión desde el tren de las casas de tipicas de Meringen, quien graba menciona que van a Interlaken. . Video reciente del 13 de septiembre del presente.

Sitio web oficial de Meiringen http://www.meiringen.ch/

sábado, 12 de septiembre de 2009

XV.- ¡Babalón se ha puesto de pie!


Mientras tanto, Leah, cuya gran fe en thelema era incomparablemente mayor que la de Dorothy, se veía obligada a venderse en las calles de París para sobrevivir. Y al mismo tiempo, invocaba a Ra-Hoor- Khuit, pues para ella, incluso en su nuevo papel de prostituta, el sexo debía combinarse siempre con la magi(k)a. Al igual que Mudd, ya no sabía quién era, y comenzó un nuevo diario con el título de «¿Diario de ... ? conocida en la Tierra como Leah Hirsig». Pero en un momento de esperanza y rebelión, escribió en una postal esta sentencia del Liber Legis: «Ya esta mujer llamada la Mujer Escarlata, ha sido dado todo el poder», y después se la envió a la Bestia. Sí, se le había entregado todo el poder, y a quien es Todopoderoso nada puede serle arrebatado: todavía cabalgaba a la Bestia. jBabalón se había puesto en pie!

Pero cuando se le pasó aquel momento de exaltación, comprendió que debía romper totalmente con Crowley y seguir su propia vida. Pero no podía hacer todo eso de golpe, pues estaba demasiado identificada con el espíritu demoníaco de la Bestia. Debía ir intentándolo poco a poco y así, penosamente, ir deshabituándose de él. Comenzó por informar a Crowley de que como mejor podría ayudarle, sería ahorrándole la molestia de tener que preocuparse materialmente por ella. Con ello sólo transfería a Crowley sus propias ansiedades y su sentido de la decencia pues no hay nada que permita suponer que él se hubiera sentido preocupado, ni por un momento, ante el pensamiento de dejarla morir de hambre. Por primera vez en seis años separó las pertenencias que le eran propias de las suyas, y le escribió para preguntarle qué quería que hiciera con los libros y documentos que aún le quedaban.

A finales de 1924, Mudd regresó a Londres, y Leah comenzó a escribirle nuevamente. Sus canas revelan su estado de abandono y la amargura de su alma. Estas cartas son de una hermosura humanidad estremecedora:

14 de diciembre de 1924. Me estoy recobrando de una depresión que me ha hecho salir de casa precipitadamente, y volver peor de lo que estaba. La noche pasada me fui hasta el Dome, que estaba poblado por todo tipo de gentes respetables: los únicos que me interpelaron fueron los que estaban tan borrachos que no veían lo bonita que estaba con mi vestido negro y oro y mi capa teñida de negro para que hiciese juego. Regresé a casa totalmente disgustada y, además, con 20 francos menos, que no tuve más remedio que darle a un estúpido borracho, a quien se los debía desde hacía tres años, para que no fuera a ponerme un pleito. Espero que reviente con ellos, el muy cerdo. También di un beso a otros dos o tres, y muy apasionadamente, lo que disgustó bastante a mis amigos serios. ¿Puedo enterarme de lo que está ocurriendo en Londres?

16 de diciembre. Lo único que me molesta es no poder dedicarme a mis propios asuntos por estar siempre esperando que [la Bestia] me llame, para no tener que perder tiempo en dejar lo que había comenzado y estar lista. y así no puedo preocuparme por las cosas de cada día y el problema de tener que buscar dinero, u otros asuntos más serios, como conseguir un compañero de magia [sexual] pero tengo que decidirme en serio a hacer algo, dejar de decirme: «¿Para qué sirve hacer cualquier cosa? No me servirá para nada. Es evidente que soy incapaz de crear nada, sino el caos en mi interior. Me fui al Dome la noche pasada, y también el sábado pero no había nada interesante sino una buena reata de sinvergüenzas. Nina [Hamnett] me preguntó por ti. ¿Puedes entender que no haya visto ni un alma, excepto a Norman Hall (tres breves visitas), V.l. [Ida Crooke] y a ti, en los últimos' tres meses? Y he llegado a creer que soy incapaz de establecer ningún lazo con cualquier cosa que se parezca a un ser humano. Tal parece que sea el derrotero de mi vida. Pero ahora todo esto se me agudiza por la sencilla razón de que no dispongo de lo necesario para seguir al rebaño. Estoy más sola de lo que jamás haya estado mortal alguno. Y encima atada de pies y manos.

6 de enero de 1925. No he recibido una sola noticia tuya desde hace mucho tiempo. También yo he estado demasiado atareada para escribirte, y que soy la chica para "todo de un restaurante pequeño y sucio de Monttparnasse por 200 francos al mes y la comida. Mis manos están hinchadas e insensibles de fregar cazuelas y mesas de mármol, pero no he dejado escapar esta ocasión y tres días de preparación (el local todavía no estaba abierto) han bastado para acostumbrarme al agua sucia, que por sí sola bastaría para que dejara el empleo. No he supuesto, ni por un momento, que pueda durarme mucho, ya que la gente chismosa irá a contarle mi historia a la patrona. Con el último correo ha llegado una carta dé Astrid, en donde me dice que me enviará algún dinero para que pueda irme a Túnez en cuanto pueda conseguir algo; espero ver hoya Norman Hall, aunque creo que ha debido irse de París. No podía pagar los 284 francos del alquiler del apartamento, que vence el 15.

20 de enero. Me aconsejaste que conservara «ese empleo» hasta que estuviese segura de poder irme a Túnez. No creo que te imagines lo que es lavar platos, subir carbón y vino de la bodega, pelar patatas y servir diariamente a setenta personas, etc. (por lo general, 13 horas diarias de trabajo). He resistido en él dos semanas, lo que me ha permitido disponer de este apartamento otros tres meses, aunque haya tenido que estar en la cama dos días, a consecuencia del trabajo, así que no volveré. He recibido una carta disparatada de V.l., en la que me dice que se retracta de enviarme los 1.000 francos prometidos, y que, sin duda, seré debidamente socorrida por el «Jefe de los negocios». Y también que el 29 se va a Australia. jOialá que el barco se vaya a pique! Aunque, probablemente, ella enturbiaría las agallas durante los siglos venideros. Soy importunada por todo el mundo [del Café du Dóme], pero no me ocurrirá ninguna desgracia hasta que no le haya pagado al camarero los 15 francos que le adeudo.

Ida Crooke se introdujo en el círculo de los thelemitas, recibió un nombre mágico, cuyas iníciales eran V.l., y después se fue; esto explica la inquina que Leah demuestra hacia ella.

"Mejor sería pegarse un tiro que ir al Café du Dóme y acabar discutiendo con Leon Engers. Teed ha resultado ser un Domita de lo más regular. Le escribí una larga carta, después de que faltara a dos citas conmigo, ya que la segunda vez vi que pasaba de largo a mi derecha".

Leon Engers Kennedy pintó un retrato de Crowley, a escala tres cuartos, en actitud de estar meditando, con los ojos cerrados, que sería reproducido a todo color en el número de la revista The Equinox conocido como el Equinoccio Azul por su color. «El Maestro ha sido pintado durante su Santa meditación. Las llamas del Aura, que corresponden a aquel particular trance, fueron observadas por el artista, que posee el Don de la Visión Verdadera».

26 de enero. ¡Qué niño tan triste eres! No siendo su madre, no sé exactamente qué hacer con un niño así, excepto abrazarle lo más que pueda. Considérate abrazado y no estés tan triste -por lo menos, hasta la próxima vez-o Le dejé una nota a Kennedy, pero él nunca contesta. Tomaré por asalto su maldito hotel, hasta que se deje ver. He cogido un empleo de friegaplatos y libro a las 2:30 de la madrugada. Esto interrumpe la hora de cenar, ya que entonces tengo que trabajar, lo que resulta un fastidio, pues cuando llego hambrienta ya no queda nada en la casa...

... No me refiero a una paliza, con tal que no sea un verdadero sádico quien la propine. Odio a los sádicos ... son gente débil, como, por ejemplo, Bill Seabrook y Nina Hamnett, si te parece.
William Seabrook era bien conocido entre la bohemia de Montparrnasse por su costumbre de vapulear a las mujeres, aunque también tenía otros hábitos, ciertamente peculiares.


A comienzos de febrero de 1925, Alostrael compró un billete de tercera para Marsella y, enferma y cansada, se fue a Túnez. Había recibido el aviso esperado desde hacía tanto tiempo: la hermana Astrid estaba esperando un niño y Leah debía venir para echarle una mano.

Dorothy no se encontraba bien, ni de fuerzas ni de ánimo, por lo que la presencia de Leah sólo sirvió para trastornarla sólo las naturalezas más fuertes pueden resistir las tensiones de la magia. El viernes, 24 de abril, a las 11:11 p.m. un Mago bastante enfadado, que estaba acostado en la cama de la habitación de su hotel en Túnez, escribía lo siguiente en su diario mágico:

Un simple trago de ron (que servía de colofón a un buen montón de preocupaciones surgidas durante todo el día) fue suficiente para inducir a Dorothy Olsen a un estado agudamente maníaco. Echado en la cama y abrazado a ella, me quedo adormilado y, de repente, ha comenzado a araañarme la cara sin previo aviso, insultándome, con un torrente de las más sucias incoherencias, a mí y a todo lo relacionado con mi persona. Después del mediodía, y por la tarde, estuvo muy irritada y brusca, con uno o dos asomos de ataque; pero como nadie le hizo caso, no llegaron a más.

Leah, con la apariencia de un espantapájaros asustado, había llegado a Túnez a fines de marzo de 1925. Dorothy había abortado, así que, después de todo, no necesitó a Alostrael.

El 2 de mayo de 1925, Crowley, Dorothy y William George Barran, a quien la Bestia y Leah habían conocido un año antes en París, y que no tardó en convertirse en el compañero de Leah en los ritos de magia sexual, realizados para obtener salud, dinero, éxito, juventud, progreso en la Gran Obra, etc., partieron hacia Francia, dejando a Leah sentada a la máquina de escribir, mientras seguía pasando a limpio nuevos capítulos de la Autohagiografía de la Bestia. Esto es lo que, desde Túnez, Leah escribió a Mudd, el 5 de mayo:

Bestia, Astrid (Dorothy) y Barran han salido para Francia el sábado día 2, dejándome con un montón de cosas que pasar a máquina, mientras iban a conseguir un poco de dinero, etc. Cuando recibas esta carta, Barran habrá estado contigo... muy arruinado, me temo. Me ha sido de gran ayuuda, pero espero que A.C. te contará más cosas de él: considéralas en lo que valen. Me gustaría estar fuera de esta maldita ciudad. Sólo eLcie10 sabe lo que les ha ocurrido a Ninette y a los críos.

Antes de que Barran se fuera de Túnez en compañía de la Bestia y de la hermana Astrid, había añadido nuevas alegrías y dificultades a las que ya tenía Leah, al dejarla embarazada. Una nueva Leah Hirsig, que había estado germinando lentamente bajo tierra -una Leah más grande- afloraba a la superficie. «Es la primera vez», escribió, «que habiendo sido abandonada, con o sin trabajo, con o sin dinero, no me encuentro sin saber qué hacer.» En aquella ocasión, no carecía de amiigos en Túnez. Por ejemplo, estaba Gérard Aumont, que había traducido al francés The Diary of a Drug Fiend. La llevaba al cine y le daba un poco de dinero. Ella se encontraba menos deprimida y ya no pensaba seriamente en el suicidio. Por supuesto que había crisis ocasionales, con arrebatos de llanto, pero, en líneas generales, Leah iba progresando en el camino que había de conducirla al encuentro de su propia vida. Soñaba que ella y la Bestia estaban juntos en la cama, pero Leah se levantaba, abandonándole: «y me fui a mi pequeña cabaña». Su actitud respecto a Crowley se hizo crítica. «Querido A.C.», llegaría a escribir, y no como antes, «Mi Bienamada Bestia», o «Mi León Grande».

Querido A.C.: no sé si es la enfermedad, la agonía o qué ... pero creo que tengo razón al pensar que ha de ser la Fórmula del Hombre Feliz la que hace que seas tan grosero. Hasta el momento no has dicho nada de los distintos manuscritos que te he enviado, pues excepto la carta del 15 de mayo no he tenido noticias tuyas. Y, en especial, el dinero que me prometías en ella no ha llegado todavía... No creo, ni por un momento, que los Dioses sean responsables de la reanudación de aquel tonto enredo financiero. Está muy bien gritar «¡Prosperidad material!» y derrochar como un asno, pero todo eso no produce sino deudas, y encima tontas. Así que ahora te toca a ti jugar. Leah.

Al final reconocía que su amor por Crowley era una dolencia de la mente de la que debía curarse. Y la llamó «A. C.-itis». Ahora, Crowley sólo era para ella una palabra mágica, el lagos de la nueva religión, thelema.

Lo considero, en líneas generales, como una simple palabra”, escribió, con cierta ironía, en su diario, “pero resulta endiabladamente duro, cuando uno necesita tener un trato “humano” con lo que parece ser la criatura de la especie más corrupta, tener que considerarla como una Idea”.

Leah le dejó el hombre, Aleister Crowley, a Dorothy, que estaba intentando poner un poco en orden sus asuntos, y que le escribía a su antigua rival en los siguientes términos: «Bestia debe desembarazarse de las antiguas amantes y demás engorros». Pero a juzgar por una referencia aislada, que aparece en una de las cartas de Dorothy Olsen, a un ojo morado, obra de «Bestia», no debió de tener éxito en sus exigencias.

El ojo morado de Dorothy fue objeto de discusión por parte de todos los thelemitas, exceptuando a aquel que había sido su artífice. El asunto aparece reflejado en toda la correspondencia de aquellos días. En marzo de 1925, Dorothy le había escrito a Mudd lo siguiente:

Todavía sigo viva en Túnez, con muchos de los huesos de la cabeza fuera de su sitio. Es algo que no está mal: deja más espacio para el cerebro, y éste puede desarrollarse.

¿Era una manera hiperbólica de decir que la vida con la Bestia había servido para desarrollar sus ideas? Aparentemente no. Dos meses más tarde, el estado de su cráneo había empeorado. «En lo que a mí respecta», escribe a Mudd, «estoy muy mal de salud, bajo el cuidado de tres médicos de París.» Una semana más tarde, Leah, que había sido informada, tanto por Mudd, como por la propia Dorothy, de los problemas sanitarios y financieros de esta última, le escribió: «N o puedo saber por lo que me dices en tu última carta, si la operación se debe o no alojo morado ... infórmame acerca de la operación; no permanezcas tanto tiempo sin dar señales de vida y, sobre todo, no te tomes las cosas tan a la tremenda ... quizá lo peor aún esté por venir. Finalmente, en otra carta que le envía el 4 de junio de 1925, leemos que:

Tus tres cartas llegaron a su tiempo. Siento de veras que andes tan mal de salud. No llegué a saber por lo que me decías en tu primera carta si la operación tiene que ver con el ojo morado o con otros problemas. Hazme saber como te encuentras. Puedes decirle de mi parte a A. C. que su posttscriptum no me impresiona 10 más mínimo. ¿Acaso supone que quiero mil francos para comprarle un sonajero al niño [el que iba a tener de Barran]? Sabiendo que me dejó con 400 francos del dinero de Barran, hace ya cinco semanas, puedo, lógicamente, suponer que necesita saber cuándo estaré necesitada de dinero. Poco importa decírselo por escrito, cosa que he hecho tres veces por semana, a 10 largo de tres semanas, para obtener, simplemente, una estúpida promesa, que yo sabía que nunca iba a cumplir, de que enviaría dinero.

El amor y la admiración casi sublimes, que Mudd sintiera hacia su «Amantísimo Padre», se habían convertido, con las últimas circunstancias y dificultades, en una fuente de fastidio para la Bestia. Mudd no podía darle la ayuda que Crowley necesitaba urgentemente. Al contrario, era O.P.V. quien esperaba la ayuda de Crowley o, al menos, que éste pudiera dar algo de paz a su mente. Pero esto resultaba imposible para la Bestia, quien, además, no lo deseaba, como dice a las claras en la carta que, el 13 de junio de 1923, envía a Mudd: «Me pides que te conceda más atención, y la única excusa que se te ocurre es pedir ser azotado». Ahora, cada uno de ellos veía al otro bajo una luz diferente. Las dificultades hicieron que a Mudd se le cayeran las escamas de los ojos, de la misma manera que le sucediera a Leah. «A. C. es un cobarde y un falsario», escribió acerca .de Crowley. «Deja a los demás el trabajo sucio.» Pero es tan grande la debilidad humana que, a pesar de todo, Mudd persistió en sus tentativas de reivindicar el buen nombre de Crowley"

A finales de abril, o a primeros de mayo de 1925, nació el hijo de Ninette y de Arturo, y recibió el nombre de Richard. «No veo mucho futuro para este pobre bastardo» le escribió Leah, que seguía en Túnez, a Mudd. «Ninette ha sido amenazada con la expatriación: de lo que no estoy segura es a dónde. ¿Tiene la nacionalidad americana o la francesa? Sin duda, su certificado de nacimiento y su pasaporte estaban en lo que nos secuestró la Aduana. ¡Vaya jugada!» Se trataba de su cuando hijo, ya tenía dos niños y dos niñas que estaban con ella donde quiera que fuese.

Otra carta, en esta ocasión enviada por Dorothy Olsen desde París a Mudd, fechada el 23 de mayo de 1925, revela la reconciliación que se produjo entre ella y la Bestia, así como la creciente impaciencia que suscitaron Mudd y Murray, con su lucha por mantener viva y dar a conocer la divinidad de Aleister Crowley, a quien el mundo sólo veía, por lo general, como un hombre muy malo. este>Me duele muchísimo tener que escribirte estas líneas, pero debemos enfrentamos a los hechos. Las cosas han tomado, en lo que a mí respecta, y de repente, uncariz desagradable, que me obliga a esperar dos o tres semanas para ver en qué queda todo. En resumen, la situación es la siguiente: A Ninette la están echando de Cefalú y es posible que en este momento ya se haya ido. Alostrael se encuentra en Túnez, sin dinero y bastante mal de salud. Hay muchísimas deudas contraídas en el pasado y que deben ir pagándose poco a poco. Gracias a mis relaciones, las perspectivas son bastante buenas, pero si la Bestia y yo no hacemos más que recibir S.O.S. de todos los rincones del mundo, ¿cómo vamos a conseguir entrar en contacto con la gente de París y dar el gran golpe? Vamos, literalmente, cubiertos de harapos, y a menos que nos veamos libres de todas esas preocupaciones y de las cartas llenas de angustia que nos llegan desde todas las latitudes del globo, acabaremos por fracasar. Y siempre que he podido conseguir algunos dólares para ir tirando, he recibido alguna mala noticia que ha hecho que me derrumbe. Por consiguiente, no puedo hacer nada a derechas. Me hago perfectamente cargo de tu situación, que es la de Muurray, pero debo decirte que la carta que me escribís tú y Murray me suena mucho a grosería cuartel aria. Debéis tener más sensibilidad y paciencia y resistir todo lo que podáis. Resulta bastante desagradable recibir vuestras cartas, sobre todo si se las compara con las de Ninette. Si no nos dais más que una oportunidad a medias, no podremos seros de gran ayuda.